La ciudad de Miami Beach se vistió de gala recientemente para unirse a las festividades globales por el Día del Son Cubano. El evento no solo buscó honrar las raíces más profundas de la identidad musical de la isla, sino también resaltar su papel como un “puente musical” que ha logrado conectar a Cuba con el resto del mundo, con un énfasis especial en el continente africano. El concierto, celebrado en el icónico escenario del Miami Beach Bandshell, sirvió de recordatorio sobre por qué este género es considerado el “abuelo de la salsa” y un pilar de la cultura universal.
La celebración cobra un matiz de mayor relevancia este año, tras la histórica decisión de la Unesco en diciembre pasado de declarar al Son Cubano como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Esta distinción reconoce más de un siglo de mestizaje artístico, donde la lírica española se fundió con la percusión africana en el oriente de Cuba durante el siglo XIX, dando vida a una sonoridad que hoy es un símbolo de identidad y resistencia cultural.
Un legado que trasciende fronteras
El evento, titulado “Son del Mundo”, alcanzó su segunda edición bajo la producción de José Elías, cofundador del grupo Cortadito. La selección artística fue una muestra de la vigencia del género, reuniendo en un mismo escenario a figuras consagradas como la ganadora del Grammy, Aymee Nuviola, y el legendario Roberto Torres, junto a propuestas emergentes como el sonero Ronkalunga. Esta mezcla generacional recalcó que el Son no es un objeto de museo, sino una expresión viva que continúa evolucionando.
Según explicó José Elías, el impacto del son cubano ha sido tan vasto que sus ecos se escuchan con fuerza fuera del Caribe. Un ejemplo tangible es la creación de la rumba congolesa en África, un género que nació directamente de la influencia de los ritmos cubanos que regresaron al continente madre. “Celebramos esos diferentes géneros que nacieron de ahí; la influencia del Son es inmensa en África y otras partes del mundo”, enfatizó el productor, destacando que el concierto también contó con la participación de artistas de Senegal y la República del Congo.
Para los organizadores, Miami representa el escenario ideal para esta celebración. Al ser el hogar de la mayor diáspora cubana y una metrópoli con carácter internacional, la ciudad se ha convertido en una “capital alterna” del género. Julio César Rodríguez, también cofundador de Cortadito, señaló que interpretar son en Miami es una experiencia emocional profunda que permite al público conectar con sus raíces familiares, sintiendo el ritmo “en las venas”.
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El resurgimiento global del son en las últimas décadas, impulsado en gran medida por el fenómeno del Buenavista Social Club en los años 90, ha garantizado que canciones emblemáticas como ‘Guantanamera’ o ‘Chan Chan’ sigan siendo himnos transgeneracionales. En la pista de baile de Miami Beach, la evidencia fue clara: niños y adultos mayores compartieron el mismo espacio, demostrando que el son posee una capacidad única para unir a las personas sin importar su edad o procedencia. Con este evento, Miami reafirma su posición como la puerta de entrada de la música latinoamericana al mundo, manteniendo encendida la llama de un legado que sigue haciendo bailar al planeta entero.



































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