La ciudad de Miami enfrenta una decisión clave sobre su modelo de movilidad urbana; continuar priorizando el uso del automóvil o avanzar hacia un sistema más equilibrado que incluya infraestructura segura para ciclistas. En este contexto, el Plan Maestro de Bicicletas 2026 vuelve a la agenda pública con una propuesta concreta; desarrollar diez proyectos de ciclovías protegidas en los próximos cinco años.
El plan surge tras varios intentos fallidos en años anteriores y llega con una diferencia significativa: la exigencia de ejecución real. Más allá de los documentos técnicos, la iniciativa busca garantizar que las obras se materialicen en infraestructura física y funcional, alejándose de soluciones temporales o simbólicas como la simple señalización sobre el asfalto.
Entre los proyectos más relevantes que se evalúan destaca el “Miami Loop”, una red que pretende completar más de 200 millas de rutas interconectadas. También figuran mejoras en el Commodore Trail, especialmente en Coconut Grove, con énfasis en la seguridad, así como intervenciones en el Rickenbacker Causeway para separar físicamente a los ciclistas del tráfico vehicular.
Otro componente importante es el desarrollo del M-Path, conocido como The Underline, donde se proyectan accesos más seguros y una mejor integración con el entorno urbano. Estas iniciativas buscan no solo ampliar la red de ciclovías, sino también conectar barrios con sistemas de transporte público, centros educativos y zonas laborales.
El eje central del plan es claro, construir diez ciclovías protegidas en un plazo de cinco años, con criterios definidos de impacto, conectividad y seguridad. La propuesta prioriza zonas con altos índices de accidentes y comunidades con mayores necesidades de movilidad alternativa.
Uno de los cambios más relevantes en el enfoque es el rechazo a las denominadas “sharrows”, marcas viales que indican la convivencia entre bicicletas y automóviles. En su lugar, se plantea la construcción de carriles protegidos mediante barreras físicas, considerados más seguros en una ciudad donde la seguridad vial es una preocupación constante.
El plan también introduce mecanismos de rendición de cuentas, un elemento que no había sido central en propuestas anteriores. La distribución de los proyectos abarcaría los cinco distritos de la ciudad, mientras que el resto se definiría según su impacto estratégico y nivel de conectividad.
Respaldo comunitario
Organizaciones como Transit Alliance Miami, junto con grupos comunitarios de zonas como Coconut Grove y Little Havana, han desempeñado un papel clave en la promoción de la iniciativa. A través de la participación ciudadana, han presionado para que el plan incluya plazos claros y compromisos verificables.
No obstante, el principal desafío sigue siendo la jurisdicción. Varias de las vías contempladas en el proyecto están bajo control del condado de Miami-Dade, lo que podría retrasar la aprobación de permisos y la ejecución de las obras. Este obstáculo ya ha afectado iniciativas similares en el pasado.
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De concretarse, el plan podría marcar un punto de inflexión en la movilidad de Miami, ofreciendo trayectos más seguros, mejor conexión entre comunidades y una alternativa real al uso del automóvil. En caso contrario, correría el riesgo de sumarse a la lista de proyectos que nunca pasaron del papel.


































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