Los crecientes retrasos en la renovación del programa DACA están dejando a cientos de miles de jóvenes migrantes, conocidos como “Dreamers”, en una situación de incertidumbre legal, sin empleo y con temor a ser detenidos en Estados Unidos.
Casos como el de Melani Candia reflejan el impacto de estas demoras. Tras más de una década renovando su permiso cada dos años, este año no logró completar el proceso a tiempo, lo que derivó en la pérdida de su trabajo en educación especial y en un aumento de su vulnerabilidad. Según relata, el miedo se ha vuelto una constante en su vida cotidiana.
El programa, impulsado durante la administración de Barack Obama, permite a personas que llegaron al país siendo niños vivir y trabajar temporalmente, aunque no les otorga un estatus legal permanente. Actualmente, más de 500.000 beneficiarios dependen de su renovación periódica.
Sin embargo, los tiempos de procesamiento han aumentado de forma considerable. De acuerdo con el Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos, el promedio pasó de unos 15 días en 2025 a más de 70 días entre finales de 2025 y principios de 2026, alcanzando incluso cerca de 122 días recientemente.
Organizaciones como United We Dream advierten que la situación afecta a una escala sin precedentes. Muchos solicitantes, pese a presentar sus documentos dentro del plazo recomendado, quedan en un limbo legal al expirar sus permisos.
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Mientras tanto, autoridades federales señalan que los mayores controles y verificaciones, impulsados durante la administración de Donald Trump, han contribuido a alargar los tiempos.



































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