Un tercio de la población de América Latina desea emigrar, mientras que la mitad de los ciudadanos rechaza la llegada de extranjeros a sus respectivos países. Así lo reveló el Informe sobre Democracia y Desarrollo 2026 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que expone la movilidad humana como un reflejo de las fracturas políticas y sociales que atraviesan la región.
El estudio detalla que la intención de emigrar escaló del 21% en 2004 al 32% en la actualidad. Esta tendencia está liderada por Haití, donde el 74.6% de sus habitantes planea marcharse, seguido de Jamaica (54.3%) y Surinam (45.7%). El organismo vincula directamente este fenómeno con el desencanto institucional, la insatisfacción democrática y la percepción de un continuo deterioro económico.
Paralelamente, el descontento social se manifiesta en la recepción migratoria; el 51.4% de los latinoamericanos considera perjudicial la llegada de inmigrantes. El PNUD advierte que este rechazo alimenta la polarización política mediante discursos que criminalizan al migrante, minando el contrato democrático bajo la lógica de “nosotros contra ellos”.
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Finalmente, el informe destaca un cambio histórico en los destinos. La migración dirigida hacia Estados Unidos y Europa se está transformando en un fenómeno intrarregional. Desde 1990, el número de migrantes dentro de la propia América Latina y el Caribe se cuadruplicó, pasando de 3.7 millones a 14 millones de personas, un flujo impulsado por crisis internas y por el endurecimiento de los controles fronterizos y las deportaciones en Norteamérica.





































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