La NFL reafirmó su compromiso con la llamada “regla Rooney”, una política destinada a promover la diversidad en cargos directivos, pese a crecientes presiones políticas en Estados Unidos. Así lo aseguró su comisionado, Roger Goodell, durante la reunión anual de la liga.
La norma, implementada en 2003, obliga a las franquicias a entrevistar al menos a dos candidatos pertenecientes a minorías para posiciones como entrenador en jefe, gerente general y otros cargos ejecutivos. Aunque no exige una contratación específica, busca ampliar las oportunidades en una liga donde históricamente ha habido poca representación en puestos de liderazgo.
Goodell subrayó que la diversidad continúa siendo un valor central para la liga. “Creemos que la diversidad es un activo”, afirmó, al tiempo que señaló que la política cumple con el marco legal vigente, pese a cuestionamientos recientes.
Entre las críticas figura la del fiscal general de Florida, James Uthmeier, quien calificó la medida de ilegal. Su postura se alinea con sectores políticos cercanos al presidente Donald Trump, que han intensificado su oposición a las políticas de diversidad, equidad e inclusión (DEI).
Desde su retorno al poder, Trump ha impulsado medidas contra estos programas en el ámbito federal, educativo y empresarial, lo que ha incrementado el debate sobre su aplicación en el deporte profesional.
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No obstante, Goodell enfatizó que la decisión final de contratación corresponde a cada equipo. Aun así, organizaciones defensoras de la diversidad consideran que el impacto de la regla ha sido limitado, ya que solo cinco de los 32 equipos cuentan actualmente con entrenadores pertenecientes a minorías.

































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