El estado de Florida concretó la devolución al condado de Miami-Dade del terreno donde funcionó el polémico centro de detención migratoria conocido como Alligator Alcatraz. La instalación, que abrió sus puertas en julio de 2025 como un símbolo clave de las políticas de deportaciones masivas impulsadas por la administración federal, fue clausurada formalmente a finales de junio tras cumplir un año de operaciones.
La entrega del espacio ocurre luego de que inspecciones conjuntas entre ambas administraciones detectaran deterioros en la pista de aterrizaje y en las áreas naturales circundantes, derivados tanto de los trabajos de construcción como del funcionamiento diario del complejo.
Ubicado en un antiguo aeródromo aledaño al Parque Nacional de los Everglades, una reserva declarada Patrimonio Mundial por la Unesco en 1979, el centro estuvo rodeado de controversia desde su planificación.
La administración estatal del gobernador Ron DeSantis tomó el control de la propiedad condal en junio de 2025 invocando poderes de emergencia, luego de que las autoridades locales rechazaran una propuesta de compra valorada en 20 millones de dólares. Durante sus doce meses de actividad, la infraestructura operó con un costo estimado superior al millón de dólares diarios, generando un notable volumen de procesos de expulsión del país.
Cuestionamientos por abusos y severo impacto en el ecosistema
La permanencia de Alligator Alcatraz dejó profundas secuelas tanto en el ámbito de los derechos humanos como en el entorno ecológico de la región. Diversas organizaciones civiles e internacionales, entre ellas Amnistía Internacional, denunciaron condiciones extremas de confinamiento que incluyeron uso rutinario de esposas, aislamiento prolongado, agresiones por parte de guardias, deficiencias sanitarias graves e infestaciones de insectos.
Paralelamente, las severas restricciones impuestas a la comunicación entre los detenidos y sus defensores legales motivaron la intervención de un tribunal federal, el cual ordenó restituir de forma obligatoria las consultas confidenciales con los abogados de los migrantes.
En el plano ambiental y cultural, la construcción del recinto generó un fuerte rechazo social. Grupos ecologistas y la tribu nativa Miccosukee interpusieron demandas ante la justicia federal alegando que la obra se ejecutó sin las evaluaciones de impacto ambiental requeridas para un ecosistema protegido de alta fragilidad.
El área elegida ya contaba con antecedentes de disputa histórica, pues en 1970 se paralizó allí la edificación del que pretendía ser el aeropuerto más grande del mundo debido a la firme oposición de científicos y ambientalistas por los riesgos que representaba para el humedal.
Tras la clausura, la alcaldesa de Miami-Dade, Daniella Levine Cava, reafirmó su postura en contra de la instalación del centro y confirmó que el condado exigirá al gobierno estatal la reparación integral de los daños ocasionados a la propiedad, según reportaron agencias de noticias internacionales.
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Asimismo, la administración local evalúa vender o ceder las casi 10.000 hectáreas de terreno al Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos o a instituciones especializadas en la restauración ecológica, garantizando así la protección permanente del humedal.
Mientras las autoridades estatales sostienen que el recinto cumplió sus metas operativas al concentrar una parte sustancial de las detenciones del país, la comunidad local busca cerrar un capítulo marcado por cuestionamientos legales, sociales y medioambientales en los Everglades.


































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