El próximo gran virus podría estar más cerca de lo que pensamos. La comunidad científica calcula que existe un 25% de probabilidades de que el mundo enfrente otra pandemia en los próximos diez años. Ante esta amenaza latente, la urgencia de blindar la salud global se topa con un muro burocrático y político en las negociaciones internacionales del acuerdo de pandemias.
El principal obstáculo actual es el denominado PABS, el anexo sobre acceso a patógenos y participación en los beneficios. Este mecanismo busca que los laboratorios compartan información sobre nuevos virus a cambio de un acceso equitativo a vacunas y tratamientos. Sin embargo, este pilar fundamental del acuerdo permanece incompleto, lo que frena el avance de un tratado definitivo.
La parálisis preocupa a los expertos. La experiencia reciente dejó una huella profunda: la crisis del covid-19 costó hasta 20 millones de vidas y provocó pérdidas por 13 billones de dólares en la economía global. En el peor momento de la emergencia, el colapso hospitalario, el aislamiento de los enfermos y el agotamiento del personal sanitario evidenciaron las grietas de un sistema desprotegido.
A raíz de ese impacto, las naciones se comprometieron a cooperar de manera más efectiva mediante un acuerdo internacional de prevención y respuesta. Aunque hace más de un año se lograron avances significativos para coordinar las defensas sanitarias, la falta de consenso en la letra pequeña sobre patentes y recursos mantiene al mundo expuesto. La promesa de no volver a enfrentar una emergencia global en el desamparo sigue a la espera de que los países resuelvan sus diferencias técnicas.
“En un mundo dividido, ese resultado no se podía dar por sentado”, señalo una carta conjunta firmada por el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y el director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus. “Fue un acto de esperanza y un acto de fe en los demás. Les escribimos ahora porque esa esperanza aún no se ha cumplido y porque está en sus manos ayudar a cumplirla”.
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Solicitudes puntuales y críticas
El mundo vivió un trauma colectivo marcado por los horrores de no saber qué hacer, aún los desafíos existen, pero se ha mantenido el concenso en tres aspectos clave:
- Liderazgo sin perder soberanía: Se pide a los mandatarios máxima prioridad política para destrabar las negociaciones. El pacto no otorga poder a la OMS para dictar confinamientos ni vacunaciones obligatorias; cada país mantiene el control absoluto de sus decisiones internas
- Equidad como estrategia sanitaria: El sistema PABS busca que las naciones que compartan datos de virus tengan garantizado un acceso rápido a vacunas y tratamientos. No se trata de caridad, sino de una inversión para contener brotes a tiempo y evitar un colapso económico global
- Urgencia ante amenazas crecientes: Con un 25% de probabilidad de sufrir otra pandemia esta década por factores ambientales, sociales o riesgos biotecnológicos, la inacción es peligrosa. Se propone el 17 de julio como fecha límite definitiva para firmar el acuerdo y evitar demoras críticas





































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