La incertidumbre y el dolor se transforman en indignación. Nueve días después de los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron a Venezuela, la esperanza de hallar sobrevivientes se extingue, abriendo paso a una dolorosa exigencia de los familiares: celeridad en la recuperación de los cadáveres atrapados bajo los escombros.
En sectores como Caraballeda, en el golpeado estado Vargas (La Guaira), la tensión es evidente. Mientras algunas brigadas se resisten a cerrar operaciones aferrándose a supuestos ruidos bajo las estructuras colapsadas, los deudos exigen que comience la remoción definitiva.
“Hasta que yo no recupere los cuerpos, yo no voy a estar tranquilo. Que no vengan las máquinas y se los lleven como basura. Ese es el objetivo”, aseguró José Francisco Liendo, quien tiene a su padre y a su hermana sepultados en las ruinas de un edificio.
La cifra oficial provisional ya supera los 2.500 muertos, concentrados principalmente en el balneario de La Guaira y en zonas de Caracas. Sin embargo, el balance real sigue siendo una incógnita. Mientras el Gobierno evita dar un número de desaparecidos, Naciones Unidas estima la cifra en 50.000 personas, sumado a millones de damnificados que hoy subsisten en las calles o en refugios improvisados.
Crisis sanitaria y morgues al aire libre
El paso de los días y las altas temperaturas caribeñas han acelerado la descomposición de los cuerpos, obligando a los ciudadanos a tomar medidas desesperadas ante la falta de apoyo estatal.
Medidas desesperadas: En varias fachadas se leen mensajes pintados como «Auxilio, aquí está mi madre muerta». Familias afectadas han tenido que arrojar cal sobre las estructuras para amortiguar los efectos de la descomposición mientras esperan por maquinaria pesada.
Morgue improvisada: En el puerto de La Guaira opera una morgue al aire libre donde se registran largas filas de ciudadanos que buscan identificar a sus familiares, recibir las actas de defunción y darles sepultura.
La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, descartó el uso de fosas comunes y ordenó la debida identificación de cada víctima, aunque los afectados denuncian que los equipos siguen siendo insuficientes.
Fuertes críticas a la gestión de la emergencia y militarización
La respuesta oficial ante la peor catástrofe natural reciente en el país ha desatado una ola de críticas. Habitantes de La Guaira denunciaron que las autoridades tardaron días en reaccionar y que, inicialmente, fueron los propios vecinos y voluntarios quienes removieron escombros con sus manos.
Frente a los cuestionamientos, Rodríguez —quien asumió el mandato interino tras la captura de Nicolás Maduro en una operación de EEUU — defendió su gestión en rueda de prensa y justificó el despliegue militar inmediato: “La primera decisión ese día fue: se militariza el estado La Guaira porque no podíamos permitir que laboratorios mediáticos creadas para perturbar y generar caos imposibilitaran las labores de búsqueda y rescate”.
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El panorama político en medio de la catástrofe
La crisis humanitaria se desarrolla en un contexto de alta complejidad política e internacional:
Apoyo de EEUU: La administración de Donald Trump respalda la gestión de Delcy Rodríguez y coordina los esfuerzos internacionales de asistencia en el terreno.
Distanciamiento de la oposición: Washington ha marcado distancia de la líder opositora exiliada y Premio Nobel de la Paz 2025, María Corina Machado, quien busca regresar al país desafiando los frenos diplomáticos. Desde el exterior, Machado denunció la «ausencia total del Estado» tras los sismos.
Mientras la geopolítica avanza, en el terreno la realidad es desgarradora. Aloa González, quien espera rescatar el cuerpo de su hermana tras haber enterrado ya a sus padres, resume el sentir de miles de venezolanos: “¿Cómo me siento? Muerta en vida”.


































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