Puerto Rico enfrenta una de las situaciones de sequía más preocupantes de los últimos meses, con niveles críticamente bajos en varios embalses, temperaturas cercanas a récords y un déficit de lluvia que ha obligado a las autoridades a implementar interrupciones programadas del servicio de agua potable.
El panorama comenzó a deteriorarse significativamente entre mayo y julio, luego de un final de invierno y un inicio de primavera más lluviosos de lo normal. De acuerdo con el National Integrated Drought Information System (NIDIS), las condiciones se tornaron progresivamente más secas durante esos meses, mientras aumentaron las temperaturas y disminuyeron los niveles de agua superficial y subterránea.
La situación también ha tenido consecuencias para la agricultura y los ecosistemas. NIDIS señala que el agotamiento de las reservas en los principales embalses y pozos está provocando pérdidas económicas en el sector agrícola, mientras los suelos continúan secándose y la vegetación presenta un estrés particularmente severo en la costa sur. Además, durante julio se registraron más de 300 reportes de incendios forestales en Puerto Rico
¿Cómo afecta la sequía?
Ante la reducción de la disponibilidad de agua, la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA) comenzó a aplicar planes de interrupciones programadas en distintas regiones.
La primera fase del plan relacionado con el embalse Carraízo y la Planta de Filtración Sergio Cuevas comenzó el 7 de agosto, a las 6:00 am. La medida impacta sectores como San Juan, Carolina, Juncos, Gurabo, Trujillo Alto, Canóvanas y Loíza.
Los sectores afectados fueron divididos en dos grupos, identificados como Zona 1 y Zona 2. Durante un ciclo, una zona mantiene el servicio mientras la otra permanece sin agua durante 48 horas. Al concluir ese periodo, el servicio se alterna: la zona que estuvo sin agua comienza a recibir el suministro y la otra entra en su periodo de interrupción.
La gobernadora Jenniffer González explicó que la decisión fue tomada después de evaluar las condiciones del embalse Carraízo y los pronósticos meteorológicos, al tiempo que detalló que la situación responde a las condiciones climáticas que Puerto Rico ha venido enfrentando y a escenarios que los expertos habían advertido con anticipación.
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El Gobierno también ha coordinado el envío de camiones cisterna a comunidades afectadas para facilitar el acceso al agua durante los periodos de interrupción, especialmente para atender necesidades esenciales.
La crisis no se limita al área metropolitana. NIDIS ya había advertido en julio que la disminución de los niveles de agua superficial y subterránea había provocado racionamiento para usuarios agrícolas en las regiones centro-sur y suroeste, además de afectar a residentes de partes del noreste.
Las perspectivas no son alentadoras. Los modelos utilizados por NIDIS apuntan a una probabilidad superior al 70% de temperaturas por encima de lo normal y precipitaciones por debajo de lo normal entre agosto y octubre. El fortalecimiento de El Niño también podría reducir la frecuencia de ondas tropicales y ciclones significativos, disminuyendo las oportunidades de lluvia.
Mientras las autoridades buscan extender las reservas disponibles, miles de familias enfrentan una nueva realidad, organizan sus actividades alrededor de los días con agua y se preparan para días consecutivos sin servicio.


































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