Prescindir del despertador es un objetivo alcanzable cuando se prioriza la higiene del sueño. La periodista Ally Hirschlag comprobó este principio al someterse a un experimento guiado por especialistas, con el fin de abandonar la dependencia a su alarma y corregir el cansancio matutino.
El primer paso del proceso que relató a BBC Mundo requiere identificar el ritmo circadiano individual. Antes de modificar cualquier hábito, los investigadores sugieren observar durante varios días a qué hora surge la somnolencia nocturna y cuándo el cuerpo se activa de forma espontánea. Aunque el promedio de descanso en adultos oscila entre siete y nueve horas, cada organismo posee una necesidad biológica específica.
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La clave del éxito no está únicamente en la cantidad de tiempo transcurrido en la cama, sino en la regularidad de los horarios. Establecer una rutina constante para acostarse y levantarse permite que el cuerpo anticipe el descanso sin necesidad de usar alarma. Cuando las horas de sueño se respetan noche tras noche, el reloj interno se ajusta de manera paulatina y reduce la ansiedad vinculada al descanso.
Los expertos advierten que las alteraciones drásticas en las horas de ir a la cama o el uso constante de pantallas tarde en la noche desajustan este mecanismo. Mantener un horario predecible ayuda a que el organismo comience a relajarse de forma automática, garantizando despertares más sencillos y sin la interrupción de un sonido estridente.
“Hay que asegurarse de acostarse a una hora bastante regular y lo suficientemente temprano como para conseguir esas ocho horas [ocho y media, en mi caso] que necesitas”, dijoi Helen Burgess, codirectora del laboratorio de investigación del sueño y ritmos circadianos de la Universidad de Michigan.





































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