Comer es un acto de absoluta consciencia. Es importante prestar atención a lo que se come, cuando se come, observar qué alimentos son saludables, cuáles no lo son, incluso es necesario tomar consciencia cuando se hace la compra, pero esa atención se ha visto modificada por el uso de teléfonos inteligentes durante las comidas, y esto lleva a una gran pregunta ¿cómo nos afecta?
El monje budista vietnamita, Thich Nhat Hanh, es quizás la figura más emblemática en este tema. En su libro Comer (Eating), explica que la alimentación consciente no es solo una dieta, sino una práctica espiritual. Sostiene que al masticar somos conscientes de todo el universo que permitió que ese alimento llegara a nosotros (la lluvia, el sol, el agricultor), transformando el acto de comer en una meditación profunda.
Un estudio de la Sociedad Española de Neurología (SEN), la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) y el Centro de Investigación Biomédica de la Obesidad y Nutrición (CIBEROBN) del Instituto de Salud Carlos III utilizaron biometría, inteligencia artificial y cuestionarios en población clínica y general, para responder esa inquietud.
La influencia de los dispositivos digitales puede modificar las emociones y las conductas alimentarias, tanto al preparar comida casera como alimentos más procesados. Igualmente se analizó cuando se come en soledad o acompañado, el uso del teléfono móvil mientras se come y la posible interacción con el desarrollo de trastornos de la conducta alimentaria (TCA) y otros problemas relacionados con la ingesta.
Entre los resultados, llama la atención cómo el uso de dispositivos móviles durante la comida disminuye la atención a las señales internas. En el mundo moderno, enfocado en la rapidez, el foco no se pone en la forma de comer sino en qué se elige, esto trae como consecuencia que las redes sociales, los videos y los contenidos rápidos formen parte de la ingesta, una que se hace a una velocidad poco saludable.
De igual manera, una investigación de la Universidad de Kioto siguió durante tres años a más de 200 estudiantes jóvenes. Durante el estudio se reveló que quienes usaban su smartphone en las comidas aumentaron, en promedio, tres kilos más que aquellos que no lo hacían.
“La distracción con el teléfono dificulta que el cerebro registre correctamente las señales sensoriales y de saciedad, favoreciendo así el consumo de más alimentos de los necesarios y contribuyendo al incremento de peso con el tiempo”, destacó el estudio liderado por el profesor Tomoro Fujiwara.
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Más allá del peso
Otros factores se han destacado en la distracción que involucra el teléfono durante la comida: perdida de la eficiencia de la digestión, aparición de hinchazón o gases, aumenta el riesgo de atragantamiento, se altera el metabolismo y la absorsión de alimentos, pero hay dos aspectos que son relevantes en el sentido psicosocial: primero, el estrés del día no se detiene y el segundo, es que las relaciones con otros se ven afectadas.
Bajo estados de estrés, ansiedad o tristeza, se tiende a seleccionar alimentos más calóricos y palatables. Cuando estas emociones se intensifican, la elección se vuelve impulsiva, reduciendo la capacidad de decidir de manera consciente.
Comer con prisas, en aislamiento o bajo tensión no debe verse como un fallo personal. En realidad, es la consecuencia de un ritmo de vida que desconecta al individuo de sus propias necesidades y del valor del ritual alimentario.


































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