El Departamento de Salud de Florida ordenó el cierre indefinido de las tres instalaciones acuáticas del parque Bucky Dent en Hialeah, tras detectar que el complejo operaba sin las autorizaciones vigentes exigidas por el Estatuto 514 y el Código Administrativo 64E-9 del estado.
La clausura ocurrió apenas cinco días después de una esperada reinauguración oficial y pocas horas después de que un adulto mayor sufriera una grave descompensación dentro del agua, situación que desencadenó un rescate de emergencia y puso bajo la lupa las medidas de seguridad del recinto.
La reapertura, celebrada el pasado 31 de julio con un acto encabezado por el alcalde Bryan Calvo, prometía devolver a las familias de Hialeah un espacio recreativo clave tras siete años de inactividad.
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Sin embargo, la inspección estatal interrumpió el funcionamiento de las piscinas al constatar que la municipalidad no contaba con la documentación en regla para prestar el servicio público. Frente a las puertas del parque, avisos oficiales advierten a los usuarios que las instalaciones no cumplen con las normativas sanitarias y que su uso puede representar un riesgo para la salud, la seguridad o el bienestar general de los visitantes.
Ante la medida del organismo regulador, la vocería municipal justificó la situación catalogándola como una falla burocrática. El portavoz de la ciudad, Julio Ligorria, explicó que el ayuntamiento había superado las revisiones previas correspondientes, pero admitió que un error en la tramitación de un formulario dejó pendiente la aprobación final de la autoridad sanitaria.
A pesar de estas declaraciones, la administración local no precisó qué tipo de licencias estaban efectivamente activas antes del corte de cinta. Registros estatales revelaron además que la inspección anterior en el complejo databa de enero, fecha en la que el recinto ya figuraba en estatus cerrado.
Rescate de emergencia y versiones cruzadas
El detonante que atrajo la atención hacia el complejo acuático ocurrió cuando un hombre de 80 años se descompensó en el agua. Aunque el Departamento de Salud no vinculó directamente la clausura con este suceso, el episodio expuso inconsistencias sobre la capacidad de respuesta en el lugar. Mientras que la versión de la alcaldía sostuvo que los salvavidas actuaron de forma inmediata, logrando extraer y reanimar al afectado en un lapso de 20 segundos, un testigo presencial ofreció un relato radicalmente diferente.
Kevin Palmer, exmilitar de 33 años y usuario del parque, aseguró que debió intervenir de forma personal al percatarse de que los bañistas alertaban sobre una persona sumergida. Según su testimonio, nadó hasta el fondo para rescatar al hombre inconsciente y llevarlo a la orilla, momento en el cual los socorristas asumieron la atención médica.
Palmer señaló que la reanimación cardiopulmonar no fue instantánea, sino que inició un par de minutos después con la llegada de personal de mayor experiencia. El paciente fue trasladado al Mount Sinai Medical Center de Miami Beach, donde evolucionó favorablemente.
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Actualmente, el municipio trabaja para subsanar la falta del formulario requerido y reabrir el recinto de forma segura. Ligorria confirmó que evalúan implementar mejoras en la infraestructura, como la instalación de sistemas de videovigilancia y cámaras de monitoreo, además de corregir un fallo mecánico en una de las bombas de agua del sistema.

































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