En Estados Unidos, ser hispano no tiene una sola forma de decirse. Más que una etiqueta fija, la identidad parece funcionar como un abanico que cada persona abre de una manera diferente. Algunos apelan a sus raíces, otros se identifican como “hispanos” o “latinos”, y otros combinan el país de origen propio o de sus padres con “estadounidense”.
Una encuesta del Pew Research Center muestra hasta qué punto esas identidades pueden convivir. Ocho de cada diez hispanos han utilizado alguna vez el nombre del país de origen o herencia de su familia para describirse, mientras que una proporción similar ha usado términos como “hispano” o “latino”. También están quienes han elegido simplemente “estadounidense” o han combinado ambas identidades.
Pero una cosa es haber usado una palabra alguna vez y otra es sentir que esa palabra representa mejor quiénes son. Al momento de elegir la etiqueta que utilizan con mayor frecuencia, las respuestas son variadas. El 35% se identifica principalmente por su país de origen o el de su familia, mientras que el 21% utiliza “hispano” o “latino”. Otro 18% se define como “estadounidense” y un porcentaje similar combina su origen con esa identidad, como en “mexicano-estadounidense”.
No hay, entonces, una única manera de contar la propia historia. Para alguien puede ser importante decir que es mexicano, dominicano o puertorriqueño. Para otro, “hispano” puede ser una forma más amplia de reconocer una cultura compartida. Y para otros, la palabra que mejor encaja es “estadounidense”, especialmente cuando han crecido en el país y su vida cotidiana está profundamente ligada a él.
La elección de una etiqueta no necesariamente permanece igual a lo largo de la vida. Puede cambiar según el lugar donde una persona nació, la generación de su familia, su edad o incluso el contexto en el que se presenta. No es lo mismo hablar con familiares, responder una encuesta o explicar la propia identidad en un trabajo o ante alguien que no conoce sus raíces.
Una identidad que cambia con las generaciones
La relación con las raíces familiares también parece transformarse con el paso de las generaciones. Quienes nacieron fuera de Estados Unidos suelen identificarse con mayor frecuencia a partir de su país de origen. Entre sus hijos y nietos, la identidad estadounidense gana terreno, aunque el vínculo con la historia familiar sigue presente.
Entre los hispanos de tercera generación o más, por ejemplo, el 40% dice que suele utilizar “estadounidense” como su principal forma de identificarse. En cambio, entre los inmigrantes, esa opción tiene mucho menos peso. Para muchos, el lugar donde nacieron sus padres o abuelos sigue siendo una parte importante de quiénes son.
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Algo similar ocurre con las palabras “hispano” y “latino”. Aunque las dos son habituales, “hispano” conserva una ventaja: el 54% de los encuestados dice preferir ese término para referirse al conjunto de personas de origen o ascendencia hispana o latina, frente al 30% que elige “latino”. Las preferencias cambian según el origen.
La identidad hispana en Estados Unidos no cabe fácilmente en una sola palabra. Puede mirar hacia el pasado, hacia el país de origen de una familia, o hacia el presente y la vida construida en Estados Unidos.

































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