En escuelas primarias de Miami y Orlando, un programa impulsado por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) ha logrado recortar hasta un 20% de los residuos de comida. La iniciativa transforma la hora del almuerzo en un espacio educativo donde los propios estudiantes miden lo que se descarta y proponen soluciones para evitar que alimentos aptos para el consumo terminen en la basura, según informó la cadena CBS News.
Alex Nichols-Vinueza, director sénior de desperdicio de alimentos para las Américas de WWF, presentó los resultados durante la Semana del Clima y la Biodiversidad de Medellín 2026.
Durante el encuentro, el especialista sostuvo que la experiencia desarrollada en el estado de Florida constituye un modelo plenamente aplicable a otros distritos escolares de Estados Unidos y de América Latina.
La organización ambientalista comenzó a trabajar con centros educativos de la región hace aproximadamente cuatro años. El proceso se inicia con un diagnóstico detallado; los estudiantes registran de forma sistemática el volumen de comida que va a parar a los contenedores.
A partir de esos datos, la comunidad escolar diseña estrategias concretas para prevenir el descarte de productos que aún pueden aprovecharse.
Estudiantes miden el descarte y promueven mesas compartidas
Nichols-Vinueza enfatizó que la participación directa de los niños resulta fundamental para el éxito de la propuesta. Según explicó, en las casas se enseña a no desperdiciar, mientras que en las escuelas solía ocurrir lo contrario debido a la dinámica de los comedores.
Entre las medidas adoptadas destacan las “mesas para compartir”, espacios donde se colocan alimentos no manipulados y con empaque cerrado, como envases de leche o frutas enteras, para que otros compañeros puedan tomarlos libremente. Gestionado correctamente, este mecanismo evita que productos en perfecto estado sean desechados.
En promedio, los planteles participantes lograron reducir un 10% de los desperdicios, mientras que en los casos más destacados de Miami y Orlando la cifra alcanzó el 20%. Actualmente, el programa opera en entre 10 y 20 escuelas, con la expectativa de servir como guía para que otros servicios de alimentación escolar adopten políticas semejantes.
Más allá del impacto inmediato en las cafeterías, WWF busca que los hábitos adquiridos por los alumnos se trasladen a sus hogares y comunidades. La iniciativa se integra en un plan global de la organización para mitigar el impacto ambiental del sistema alimentario, responsable de cerca de un tercio de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.
Asimismo, se calcula que aproximadamente el 40% de la comida producida a nivel global se pierde o desperdicia.
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La estrategia de WWF abarca también la concienciación económica de las familias, que pueden perder hasta 3.000 dólares anuales por alimentos no consumidos. A través de alianzas públicas y privadas, la entidad promueve campañas sobre almacenamiento adecuado, planificación de compras y descuentos en comercios para productos próximos a vencer.
Consultado sobre el impacto de fármacos para la pérdida de peso como Ozempic en los hábitos de consumo, Nichols-Vinueza aclaró que aún no existen datos suficientes para establecer una relación directa con la reducción del descarte de alimentos.





































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