Cuba enfrenta uno de los escenarios más complejos de su historia reciente en materia de movilidad. Desde este jueves 18 de junio, entraron en vigor restricciones drásticas al transporte interprovincial, una medida provocada por la severa escasez de carburantes que afecta a la isla de 9.6 millones de habitantes.
El corte en las importaciones de petróleo debido a las sanciones de Estados Unidos ha dejado las gasolineras prácticamente vacías, reduciendo el transporte público a su mínima expresión.
Nuevos horarios y frecuencias del transporte estatal
La reducción de las rutas afectará severamente la conectividad del país:
Trenes desde La Habana: Las rutas hacia las ciudades del este circularán cada 16 días, una reducción drástica frente a las tres frecuencias semanales habituales.
Autobuses estatales: Los viajes hacia las capitales provinciales, que antes operaban diariamente, ahora se limitarán a entre una y tres veces por semana.
El viceministro de Transporte, Luis Ladrón de Guevara, aclaró que no se exigirán permisos especiales para viajar, pero sí se implementará un «sistema de prioridades». Bajo este nuevo esquema, los asientos escasos se reservarán para enfermos, funerales y urgencias, y los pasajeros deberán solicitar sus pasajes con al menos siete días de antelación.
Historias de la crisis: Pacientes médicos y familias atrapadas
Detrás de las cifras y los horarios modificados se encuentran miles de cubanos cuyas vidas dependen por completo del transporte del Estado. Los transportistas privados (taxis y camiones) siguen operando, pero sus tarifas se han disparado hasta 200 veces más caras, volviéndose prohibitivas para la mayoría de la población.
“Mi padre tiene cáncer y necesita estar en Granma 20 días antes de su próxima consulta para hacerse pruebas; de lo contrario, no puede recibir tratamiento”, relató Madelaine Montero, de 51 años, mientras esperaba un pasaje en La Habana.
El caso de José Manuel García, de 60 años, es similar. Recibe tratamiento por un desprendimiento de retina en la capital y teme perder la vista si no puede regresar desde Santiago de Cuba para sus consultas: “Es muy difícil desplazarse así”.
A la crisis interprovincial se suma el colapso del transporte urbano en La Habana. Con temperaturas que rozan los 40 ºC, los ciudadanos caminan largas distancias hacia sus trabajos o escuelas ante la falta de ómnibus.
El mercado informal de combustible eleva los precios al límite
El desabastecimiento ha trasladado la crisis al mercado negro, donde el litro de combustible se cotiza hasta a 8 dólares. Este costo hace que un viaje corto en taxi informal consuma la mayor parte del salario de un trabajador estatal.
Alexi Martínez, una empleada de Salud Pública de 56 años, confiesa que destina casi todo su sueldo en camiones privados para cuidar a su madre enferma en la capital. Por su parte, Julio César Padrón, chofer de un camión de pasajeros adaptado, asegura que “con los precios tan altos, la gente prefiere quedarse en casa”.
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Mientras el Gobierno cubano promete resistir la presión internacional y busca reformas para atraer inversión extranjera, la realidad en las carreteras muestra a decenas de personas a la orilla de las autopistas de La Habana, agitando fajos de billetes con la esperanza de que algún vehículo los recoja. Para muchos, como Guadalupe Pérez, que viajó desde Holguín antes del cierre, las restricciones significan una dolorosa certeza: no saber cuándo podrán volver a ver a sus familias.





































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