En Estados Unidos, la expresión “clase trabajadora” dejó de estar asociada únicamente con empleos manuales, fábricas o personas con ingresos bajos. Para una amplia mayoría de los adultos, la definición también tiene que ver con la manera en que se perciben a sí mismos y con el lugar que ocupan en la sociedad.
Un nuevo análisis del Pew Research Center muestra que el 60% de los adultos estadounidenses se identifica como parte de la clase trabajadora. Entre los hispanos, la proporción es del 59%, una cifra muy cercana al promedio nacional.
La cifra coloca a los hispanos muy cerca del promedio nacional y por encima de los adultos afroamericanos, 54%; y asiáticos, 52%; aunque por debajo de los blancos, 62%. El dato también muestra que la identidad de clase no se explica únicamente por cuánto gana una persona, qué estudió o qué trabajo realiza.
De hecho, la identificación con la clase trabajadora atraviesa distintos sectores de la sociedad estadounidense. El 66% de quienes no tienen un título universitario de cuatro años se reconoce como parte de esta, pero también lo hace la mitad de quienes sí cuentan con una licenciatura.
Algo similar ocurre con los ingresos. Mientras el 67% de los estadounidenses de ingresos medios se identifica como clase trabajadora, la proporción llega al 57% entre los de ingresos bajos y al 50% entre los de ingresos altos.
Entre los hispanos, la educación no marca una diferencia tan grande
Uno de los aspectos más llamativos aparece al observar la situación de los hispanos según su nivel educativo. A diferencia de lo que ocurre entre blancos y asiáticos, entre los hispanos prácticamente no existe una brecha importante entre quienes tienen y quienes no tienen un título universitario.
El 59% de los hispanos sin licenciatura se considera de clase trabajadora, mientras que la proporción asciende al 61% entre aquellos que sí cuentan con un título universitario. Es decir, para este grupo, haber pasado por la universidad no modifica de manera significativa la forma en que las personas se ubican dentro de la estructura social.
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El contraste es mayor entre los blancos. Cerca de siete de cada diez blancos sin título universitario, 71%; se identifican como clase trabajadora, frente al 48% de los blancos con licenciatura. Entre los asiáticos ocurre algo parecido, 59% entre quienes no tienen título universitario frente a 45% entre los graduados.
Entre los adultos afroamericanos, en cambio, también se observa una diferencia más reducida. El 53% de quienes no tienen licenciatura se consideran de clase trabajadora, frente al 58% de los graduados universitarios.
El estudio también pone en cuestión una idea frecuente, y es que el término “clase trabajadora” equivale necesariamente a desempeñar un trabajo manual. Aunque el 77% de quienes realizan este tipo de tareas se identifica de esa manera, también lo hace el 61% de quienes trabajan en otras ocupaciones.
La percepción, además, ha ganado terreno. En 2024, el 54% de los estadounidenses decía que “clase trabajadora” los describía bien, actualmente la cifra llega al 60%.
El término sigue siendo amplio y puede significar cosas diferentes. Va desde no tener un título universitario o trabajar en determinadas industrias hasta simplemente considerar que se vive principalmente de su trabajo. Esa amplitud ayuda a explicar por qué la identidad de clase atraviesa ingresos, educación, ocupación y también diferencias políticas.





































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