El plomo causa más de 3,5 millones de muertes al año en el mundo y afecta la salud de cientos de millones de niños. Pese a la gravedad de las cifras, menos de la mitad de los países cuenta con normas legales para frenar el uso de este metal en la pintura, según los datos más recientes de la Organización Mundial de la Salud.
La agencia internacional alertó sobre la urgencia de detener la exposición a esta sustancia, a la que define como una amenaza latente pero totalmente evitable. La intoxicación resulta especialmente dañina en la infancia, etapa en la que el cerebro y el sistema nervioso se encuentran en pleno desarrollo.
“La intoxicación por plomo no debería estar robando el potencial de los niños en 2026”, declaró Bruce Gordon, director interino del Departamento de Medio Ambiente, Cambio Climático y Una Sola Salud de la OMS.
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Las vías de contacto son múltiples y cotidianas. La pintura, los utensilios de cocina, ciertos cosméticos, las especias adulteradas, el reciclaje informal de baterías y las emisiones industriales constituyen las principales fuentes. Los especialistas coinciden en un punto crítico: no existe un nivel mínimo de exposición que se considere seguro para el cuerpo humano.
“Sabemos de dónde vienen muchas exposiciones y sabemos cómo prevenirlas. Los países deben ahora actuar en origen, eliminando el plomo de los productos y los entornos antes de que llegue al torrente sanguíneo de un niño”, agregó Gordon.
En la población adulta, la acumulación de este elemento incrementa el riesgo de sufrir enfermedades renales y cardiovasculares. En los niños, desencadena alteraciones permanentes en la capacidad de aprendizaje, la conducta y el desarrollo intelectual. Dado que los síntomas rara vez resultan evidentes de forma inmediata, la mayoría de los diagnósticos llega cuando el daño físico o cognitivo es irreparable.






































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