América Latina y el Caribe han logrado encadenar cuatro años de avances en la lucha contra el hambre, según el más reciente informe de Naciones Unidas. Sin embargo, detrás de las cifras positivas de subalimentación se esconde una crisis de salud pública persistente y es que el costo prohibitivo de la comida sana y una epidemia de obesidad no dan tregua.
Desde 2020, la región ha conseguido que 6,2 millones de personas salgan de la desnutrición crónica. Es una tendencia a la baja que los organismos internacionales ven con optimismo moderado, tras el duro golpe que supuso la pandemia en la seguridad alimentaria global.
No obstante, el progreso no es uniforme y el continente se enfrenta ahora a una paradoja nutricional.
El muro de los precios
El principal obstáculo no es la falta de alimentos, sino el acceso a una comida sana. El informe aseguró que América Latina y el Caribe es la región donde más cuesta acceder a una dieta saludable en todo el planeta.
Esta barrera económica empuja a millones de familias hacia productos ultraprocesados, más económicos pero pobres en nutrientes, lo que explica el otro gran desafío del reporte: Obesidad en adultos, pero especialmente preocupante es el 29,9% de la población adulta que ya vive con obesidad. Otro gran problema que va de la mano es la malnutrición.
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“En 2024, el 5,1% de la población regional padecía hambre, una reducción desde el 6,1% registrado en 2020. Esto significa que 6,2 millones de personas dejaron de sufrir subalimentación en el período. Cuatro países (Brasil, Costa Rica, Guyana y Uruguay) ya tienen una prevalencia de hambre inferior al 2,5%, mientras que Chile y México están cerca de alcanzar este umbral”, resaltó el informe.
“América del Sur lideró la mejora, con una prevalencia promedio del hambre del 3,8%, casi un punto porcentual menos que en 2022. En contraste, Mesoamérica se mantuvo estable en torno al 5%, y el Caribe registró un 17,5%, influenciado por la crítica situación en Haití, donde el 54,2% de la población sufre subalimentación”, agregó.
La inseguridad alimentaria (aquella que obliga a las personas a reducir la cantidad o calidad de su comida) ha caído significativamente. En 2024, afectó al 25,2% de la población, una mejora notable frente al 33,7% registrado en el año 2020.
Incluso, la región se sitúa por debajo del promedio mundial (28%). Sin embargo, la desigualdad tiene género, la prevalencia de falta de alimento es 5,3 puntos porcentuales mayor en las mujeres que en los hombres, evidenciando que ellas siguen siendo las más golpeadas por la precariedad económica.
El dilema de los $5 diarios
La comida sana en América Latina es un lujo que millones no pueden permitirse. En 2024, el costo de una dieta equilibrada subió un 3,8%, alcanzando los 5,16 dólares por persona al día.
Aunque 15,4 millones de personas más lograron acceder a alimentos sanos respecto a 2021, la cifra de exclusión sigue siendo masiva.
Se estima que 181,9 millones de latinoamericanos todavía no tienen ingresos suficientes para costear una dieta que cumpla con los estándares nutricionales básicos.



































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