Las remesas familiares se consolidan como un pilar económico indispensable para el Triángulo Norte de Centroamérica. Durante el primer cuatrimestre de 2026, El Salvador, Guatemala y Honduras recibieron un total de 15.852 millones de dólares, principalmente desde Estados Unidos. Según datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), esta cifra representa un incremento del 10,7% en comparación con el mismo periodo del año anterior.
Del total acumulado, Guatemala lideró la recepción con 8.431,6 millones de dólares (53,2%), seguido por Honduras con 4.134,2 millones (26,1%) y El Salvador con 3.286,7 millones (20,7%). Estos recursos se destinan prioritariamente a la adquisición de vivienda, educación, alimentación y tratamientos médicos especializados.
A pesar del notable impacto macroeconómico, los receptores coinciden en la necesidad de valorar el sacrificio detrás de cada envío. Testimonios en la región reflejan que el encarecimiento de la vida y el costo de los alquileres en Estados Unidos han vuelto la situación más compleja para los migrantes.
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Madres y abuelas centroamericanas señalan que, aunque el dinero alivia las cargas del hogar, el costo de vida actual impide que los fondos cubran la totalidad de las necesidades básicas, obligando a los familiares locales a mantener empleos informales para subsistir. Asimismo, la incertidumbre sobre las condiciones laborales y el temor a políticas migratorias adversas mantienen en constante preocupación a los beneficiarios, quienes instan a la población a invertir este dinero con prudencia y respeto hacia el esfuerzo de quienes trabajan en el exterior.





































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