El Departamento de Educación de New Jersey publicó una guía actualizada que obligará a los distritos escolares a diseñar políticas “Bell-to-Bell” para eliminar el uso no académico de teléfonos móviles y dispositivos con internet dentro de las aulas. La medida responde a una ley firmada que exige a cada junta local regular el uso estudiantil de estos aparatos, salvo excepciones puntuales.
Kevin Dehmer, comisionado de Educación anterior, explicó que los lineamientos surgieron tras meses de consultas con docentes, padres y directivos. “No se trata de una fórmula única. Cada comunidad escolar podrá adaptar su enfoque según sus recursos y realidades, siempre dentro del marco legal”, precisó. La guía ofrece opciones prácticas para el almacenamiento de dispositivos: fundas bloqueadoras, casilleros administrados por la escuela, contenedores en aulas o incluso el uso supervisado de mochilas y locker personales.
A diferencia de propuestas anteriores, esta normativa no impone un modelo rígido. Los distritos conservan autonomía para definir mecanismos de supervisión, sanciones y logística diaria. La guía incluye además recomendaciones diferenciadas por nivel educativo, reconociendo que las estrategias para estudiantes de primaria no aplican igual en secundaria.
El texto oficial detalla requisitos legales mínimos, consideraciones para redactar políticas institucionales y estrategias graduales de implementación. Entre los aspectos destacados figura la posibilidad de excepciones médicas o pedagógicas debidamente justificadas.
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New Jersey se suma así a un reducido grupo de estados que avanzan hacia ambientes escolares libres de dispositivos personales durante horas de clase. Estudios recientes vinculan la sobreexposición a pantallas con caídas en la capacidad de atención sostenida y aumento de la ansiedad en adolescentes.
La nueva normativa entrará en vigor completo para el año escolar 2026-2027, dando a los distritos varios meses para ajustar sus reglamentos internos.
Los datos sobre el efecto de distracción de los teléfonos celulares -incluso cuando están boca abajo y apagados- son claros. En un estudio hecho a estudiantes universitarios y citado por The New York Times se concluyó que “la mera presencia del propio teléfono inteligente reduce la capacidad cognitiva disponible, incluso cuando no se utiliza”.
Desde abril del año pasado, al menos 11 estados han promulgado prohibiciones o restricciones estatales sobre el uso o el acceso a los teléfonos celulares en los centros públicos de enseñanza primaria y secundaria.
Es algo que también ocurre en otros países. “En China, la ciudad de Zhengzhou restringió aún más el uso de teléfonos en escuelas primarias y secundarias, exigiendo a los padres que otorgaran su consentimiento por escrito para justificar la necesidad de un teléfono por razones pedagógicas. En Francia, se propuso una ‘pausa digital’”, contó la Unesco en el informe de seguimiento de educación en el mundo.
El informe mostró que algunas tecnologías pueden favorecer el aprendizaje en algunos contextos, pero no cuando se usan en exceso o de forma inapropiada.
Mientras tanto, el debate público continúa: ¿representa esta medida un avance educativo o una solución a problemas complejos de convivencia digital? Las aulas de New Jersey, en unos meses, ofrecerán sus primeras respuestas.

































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