En morgues, laboratorios y cementerios de la frontera sur de Estados Unidos, más de mil quinientos restos de inmigrantes indocumentados permanecen sin identificar. Son cuerpos, cenizas o huesos hallados en desiertos, ríos o costas, que aguardan un nombre y el regreso a casa. Detrás de cada caso hay familias suspendidas en la incertidumbre, atrapadas entre el duelo y trámites que nunca terminan.
Mientras no se confirme la identidad, las pertenencias recuperadas se guardan dobladas en bolsas de papel, dentro de cajas delgadas del laboratorio de Operación Identificación, proyecto del Centro de Antropología Forense de la Universidad Estatal de Texas. Allí, investigadores comparan datos forenses con reportes de desaparición enviados desde comunidades de origen.
“Es imposible seguir con la vida si uno no sabe qué pasó con su ser querido”, explica Molly Kaplan, asistente de investigación del programa. Sin embargo, no todas las familias lograrán recuperar a sus muertos.
El destino de los restos depende del lugar del fallecimiento. Estados Unidos carece de una norma federal para gestionar estos cuerpos. Las reglas varían entre estados y condados que operan con criterios propios. Esa fragmentación puede demorar meses o años la identificación y la repatriación, o impedirlas de forma definitiva.
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Tras consultar a veintitrés condados fronterizos en California, Arizona, Nuevo México y Texas, además de dos del sur de Florida, Noticias Telemundo estimó que al menos mil quinientas personas siguen esperando. Sin plazos claros ni respuestas para quienes buscan cerrar duelos pendientes.


































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