Human Rights Watch (HRW) denunció formalmente que la política del Gobierno de Estados Unidos de expulsar a migrantes hacia terceros países africanos violenta de manera flagrante el derecho internacional y utiliza premeditadamente el “sufrimiento humano” como una táctica de desestimulación migratoria.
Según los datos oficiales del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) expuestos en el informe de la organización, Washington ya ha deportado a más de 500 personas a naciones de África a las que no pertenecen, afectando incluso a diversos ciudadanos latinoamericanos. Investigaciones periodísticas independientes estiman que cerca de 25.000 migrantes han sido trasladados globalmente bajo este esquema.
El informe recopila testimonios de 24 afectados que fueron trasladados a seis países africanos, incluyendo Esuatini, Camerún, la República Centroafricana y Sudán del Sur. Los afectados relataron haber viajado encadenados durante trayectos aéreos de hasta 18 horas de duración sin conocer su destino final.
HRW advirtió además sobre la gravedad del envío de al menos doce integrantes de la comunidad LGBT hacia territorios donde se criminalizan severamente las relaciones entre personas del mismo sexo.
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La ONG calificó estos convenios bilaterales de “opacos” y criticó que funcionarios estadounidenses empleen la amenaza explícita de abandonar a las personas “en medio de la nada”.
Por su parte, investigaciones periodísticas destacan que la administración estadounidense ha ejercido una fuerte coerción sobre los gobiernos africanos mediante graves amenazas de aranceles, suspensión de visados y recortes en la ayuda financiera. Recientemente, Burundi se convirtió en la decimoquinta nación del continente en ceder y firmar dicho acuerdo.





































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