Con la llegada de un bebé surjen muchas preguntas, especialmente para padres primerizos. Cada infante es distinto, pues los organismos y las rutinas varían, pero algunas características generales se mantienen iguales.
La American Academy of Sleep Medicine (AASM) o en español Academia estadounidense de la medicina del sueño, brinda pautas generales sobre el tiempo que los niños necesitan para dormir en las diferentes etapas de su desarrollo. Los bebés de entre 4 y 12 meses necesitan en promedio de 12 a 16 horas de sueño, y esto incluye las siestas. En cambio, los niños de uno a dos años necesitan de 11 a 14 horas, incluidas las siestas.
Para la Fundación Nacional del Sueño de Estados Unidos (NSF, por sus siglas en inglés), los bebés de hasta 3 meses de edad deben dormir de 14 a 17 horas cada período de 24 horas. Pero, para la Academia Americana de Pediatría (AAP), la recomendación más importante es la de compartir la habitación con el bebé sin estar en la misma cama durante, por lo menos, sus primeros seis meses de vida o, idealmente, hasta su primer cumpleaños. Esta es la etapa en que el riesgo de síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL) es más alto.
Estas largas horas recomendadas tienen una explicación: durante los tres primeros meses de vida el bebé no es capaz de diferenciar entre la luz del día y la oscuridad de la noche, y también se debe a que los ciclos de vigilia-sueño todavía no están desarrollados.
La transición entre los ciclos de sueño no es un proceso lineal, está marcada por episodios de alerta fisiológica conocidos como microdespertares. En la población adulta, estas breves interrupciones suelen pasar desapercibidas; el sistema nervioso procesa el cambio de fase mediante un ajuste postural o un movimiento leve, recuperando la inconsciencia de forma casi inmediata.
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Sin embargo, en la infancia, este mecanismo de reentrada al sueño profundo no está plenamente desarrollado. La incapacidad de muchos niños para gestionar de forma autónoma la transición entre ciclos explica la fragmentación del descanso nocturno.
La frecuencia de estos episodios está estrictamente ligada a la maduración del sistema circadiano y a las necesidades metabólicas:
- Primeras semanas: El ritmo es ultra-diano. El despertar ocurre en intervalos de dos a tres horas, impulsado principalmente por la demanda calórica y la ausencia de una regulación melatonínica estable
- A partir de los seis meses: Se produce un cambio cualitativo. Los patrones de vigilia-sueño se estabilizan y la duración de los ciclos se extiende. A medida que el sistema nervioso central madura, los despertares disminuyen en frecuencia, permitiendo una mayor consolidación del descanso nocturno
Protege cada etapa
Es importante contar con una rutina relajante antes de dormir al bebé, según la organización Kids Health puede incluir baño, lectura o una canción; las luces bajas ayudan y también evitar mecerlo, es mejor colocarlo en la cuna o moisés cuando está somnoliento, pero aún despierto; modificar la hora de alimentación es una buena forma de empezar la rutina del sueño, es decir, si come a las 7 PM y despierta a las 2 AM, puede ser una buena idea alimentarlo más tarde.

































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