Cubanos radicados en Estados Unidos, especialmente en Florida, han acelerado en las últimas semanas el envío de alimentos, medicinas y productos básicos a sus familias en la isla, en medio de la agudización de la crisis económica y energética que atraviesa Cuba. En barrios como La Pequeña Habana, en Miami, se observan filas de exiliados cargando cajas con arroz, leche en polvo, aceite, papel higiénico y medicamentos, conscientes de que sus parientes dependen de esa ayuda para subsistir.
La situación en la isla, marcada por prolongados apagones y escasez de insumos esenciales, ha generado un sentido de urgencia entre quienes tienen familiares vulnerables. Manuela Labori, residente en Florida desde hace más de cuatro décadas, envía regularmente paquetes a su madre de 90 años. “Lo que está comiendo es por los hijos que tiene aquí”, relata. Explica que también deben costear y enviar las medicinas que necesita, ya que en los hospitales “no hay nada” para aliviar sus dolencias ni realizar intervenciones quirúrgicas.
Mientras crecen los envíos, también se intensifica el debate político. La Oficina de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) advirtió recientemente que Washington estaría incumpliendo el derecho internacional con sanciones decretadas en enero para impedir el suministro de petróleo a Cuba, lo que —según el organismo— contribuye al “desmantelamiento” de los sistemas de alimentación, sanidad y agua.
Sin embargo, parte del exilio respalda abiertamente un endurecimiento de las medidas. Labori considera “buenísimas” las disposiciones del presidente Donald Trump y asegura que deberían ser incluso más estrictas, aunque eso implique dejar de enviar ayuda. “Debería ser un bloqueo completo”, afirma, convencida de que es la única vía para lograr un cambio político en la isla.
De acuerdo con un informe del Consejo Comercial y Económico Estados Unidos-Cuba, los donativos humanitarios desde Estados Unidos casi se duplicaron en 2025, al alcanzar un valor estimado de 130,9 millones de dólares, frente a 67,8 millones el año anterior. Estos envíos incluyen alimentos, medicinas y ropa.
No obstante, el expreso político Ángel de la Fana, líder de la organización Los Plantados, subraya que la mayoría de los cubanos en la isla no cuenta con familiares en el exterior que puedan auxiliarlos. A su juicio, incrementar la presión internacional es necesario para propiciar cambios estructurales que permitan a la población generar riqueza y producir alimentos.
Solicitud de restricciones
En paralelo, legisladores cubanoestadounidenses de Florida han pedido restringir remesas, vuelos y licencias a empresas con negocios vinculados al Gobierno cubano. Las ciudades de Miami y Hialeah investigan además a cientos de compañías con posibles nexos oficiales, incluidas agencias de paquetería.
El opositor José Daniel Ferrer, quien llegó a Estados Unidos en octubre pasado, sostiene que debería permitirse el envío de insumos básicos, pero prohibirse artículos de lujo o entretenimiento. Otros exiliados, como Usmara Matamoros, temen que más restricciones solo agraven la situación de sus familiares. “¿De qué forma van a vivir?”, se pregunta.
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Entre lágrimas, Teresa Martínez resume el sentir de muchos: envía cada mes medicamentos y alimentos para sus parientes, incluidos dos niños pequeños. Más allá del debate político, dice, la prioridad es que no les falte lo indispensable.

































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