Rejas negras, carceleros encapuchados, uniformes oscuros y castigos en la “cápsula del tiempo” son algunos de los recuerdos que arrastran los presos políticos que pasaron por el Rodeo I, el centro de detención más temido de Venezuela.
Algunos reclusos excarcelados este año dejan el miedo de lado para relatar las condiciones inhumanas y de torturas dentro de la prisión, una imagen que dista mucho de lo que el gobierno interino de Delcy Rodríguez quiere proyectar al mundo.
Bajo la presión de Washington, Rodríguez impulsó una amnistía que benefició a cientos de presos políticos, pero muchos otros viven aún un infierno tras las rejas de Rodeo I.
Whillfer Piña pensó que moriría cuando llegó a esa cárcel. Con los ojos vendados y una capucha en la cabeza, fue obligado a esperar frente a una pared blanca rodeado por custodios armados. “Nada. Aquí fue. Se acabó la película”, evoca este militante de oposición de 47 años.
El director del penal, alias “Tiburón”, lo recibió con una amenaza: “Nadie sale vivo de ahí”. Dijo “que de aquí solamente íbamos a salir con los pies adelante”.
Piña era profesor de matemáticas, pero en 2024 fue acusado de planificar un atentado contra el entonces presidente Nicolás Maduro y cayó en prisión. Fue excarcelado en febrero de este año.
La oenegé Foro Penal contabiliza al menos 20 presos políticos muertos bajo custodia del Estado, uno de ellos recluido en Rodeo I.
“Mundo de terror”
El Rodeo, situado a 50 kilómetros de Caracas, está constituido por cuatro torres numeradas. Una de ellas, Rodeo I, funge como cárcel de máxima seguridad que aloja a presos políticos, incluidos presuntos opositores y extranjeros.
Sus asfixiantes celdas de dos metros de ancho y tres de largo solo tienen una litera de cemento y a pocos centímetros un espacio compartido para ducha y letrina. Una diminuta ventanilla con barrotes es la única conexión con el exterior.
El escaso acceso al agua convierte el espacio en un criadero de insectos y de enfermedades. Piña cuenta con humor que batió “récord” entre sus compañeros un día que mató a 34 moscas en su celda.
Menos animado relata que por esas condiciones insalubres sufrió de altas fiebres durante 21 días sin atención médica.
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“Hubo un momento en el que le oré tanto a Dios. ‘Si me tengo que ir, por favor, que sea con dignidad'”, recuerda que pidió.
Presos que han pasado por esa prisión dicen haber perdido la noción del tiempo ahí dentro y mantenerse en un estado de alerta permanente.
Freddy Superlano recuerda que se distraía viendo aves, la luna o las estrellas por la estrecha ventana de su celda.
Superlano es un dirigente político arrestado en agosto de 2024, cercano a la líder opositora María Corina Machado.
“¿Qué puedes hacer?”, se pregunta. Esta cárcel “creo que es para que te vuelvas loco”.
Describe el Rodeo I como “un mundo de terror, es totalmente negro (…) las rejas son negras, son colores oscuros, es muy tétrico el ambiente”.
“Es más un campo de concentración que una cárcel”, asegura este hombre de 50 años excarcelado en febrero.
Los carceleros visten de negro, cubren su rostro y son identificados con seudónimos intimidatorios. Los presos solo salen de sus celdas encapuchados e inmovilizados.
La oenegé Human Rights Watch pidió el cierre inmediato de Rodeo I tras su primera visita a Venezuela en casi dos décadas.
Por: AFP





































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