Los controles antidopaje en los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina, que se celebran del 6 al 22 de febrero, representan uno de los mayores retos organizativos del evento. La dispersión geográfica de las sedes, distribuidas a lo largo de varios cientos de kilómetros y en un territorio de más de 22.000 kilómetros cuadrados, obliga a desplegar un operativo complejo cuyo objetivo central es claro, vigilar de manera prioritaria a los deportistas y disciplinas considerados de mayor riesgo.
La Agencia Internacional de Controles (ITA), encargada del programa antidopaje olímpico desde 2018, prevé realizar alrededor de 2.200 controles durante los Juegos. Esto implicará la recogida de cerca de 3.000 muestras de orina, sangre y gotas de sangre seca.
Un total de 150 agentes internacionales participarán directamente en la toma de muestras, asistidos por unos 400 acompañantes cuya misión será seguir a los atletas desde el momento en que son notificados hasta la finalización del control, sin perderlos de vista.
Las operaciones se llevarán a cabo en 23 estaciones de control repartidas entre las sedes de competición y las villas de los atletas, organizadas en siete grandes zonas. Una vez recogidas, las muestras deberán ser transportadas con rapidez y seguridad hasta el laboratorio antidopaje de Roma, lo que añade un nuevo nivel de complejidad logística.
“Distribuir a los agentes que vienen de todo el mundo, prever el refuerzo del laboratorio y asegurar el transporte de las muestras es un trabajo que depende de cada detalle”, explica Jérémy Roubin, secretario general de la Agencia Francesa de Lucha contra el Dopaje (AFLD).
El control no se limita a la toma de muestras. Los acompañantes deben garantizar que los deportistas no ingieran alimentos o líquidos indebidos y que no manipulen el proceso, por ejemplo orinando antes de tiempo para diluir posibles sustancias prohibidas. Este seguimiento constante es una de las claves del sistema actual.
El escándalo de Sochi 2014
Desde la introducción de los controles antidopaje en los Juegos Olímpicos de México 1968, se han registrado más de 400 casos positivos. El más emblemático sigue siendo el del velocista canadiense Ben Johnson, despojado de su medalla de oro en los 100 metros de Seúl 1988. Sin embargo, el mayor descrédito del sistema llegó con el escándalo de Sochi 2014, cuando se destapó un dopaje organizado con apoyo estatal en Rusia, que incluyó la sustitución clandestina de muestras dentro del propio laboratorio.
Aunque desde entonces se han reforzado los sistemas de seguridad, las autoridades reconocen que el riesgo nunca desaparece por completo. “Nunca diremos que eso ya no es posible, porque es una cuestión de medios”, admite Olivier Rabin, director de Ciencia y Medicina de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA). Tras Sochi, se intensificó el seguimiento de las muestras mediante cámaras, controles de acceso y auditorías internas, incluyendo la introducción deliberada de casos positivos para comprobar la fiabilidad de los laboratorios.
Te puede interesar:Xfinity revoluciona cómo ver el Super Bowl y los Juegos Olímpicos de Invierno
Dado que muchas sustancias pueden desaparecer del organismo antes de la competición, la ITA activa hasta tres meses antes de los Juegos un programa “pre-Juegos”, basado en el análisis de datos y perfiles de riesgo. Además, las muestras recogidas se conservan durante diez años para futuros reanálisis. Gracias a este sistema, el reexamen de las muestras de Londres 2012 permitió descubrir 73 nuevos casos positivos y reasignar 46 medallas, confirmando que la lucha antidopaje se extiende mucho más allá de la competición inmediata.

































Noticias Newswire









