El arte, en su forma más pura, es complejo. Te hace analizar, te reta y a veces, incomoda. Pero lo maravilloso es que permite crear consciencia. El arte bien hecho te hace pensar. El teatro es una de las artes escénicas más antiguas, en sus inicios era concebido como una acto político, hoy, vemos obras que siguen ese camino y dan vida al cuestionamiento. Hay representaciones atemporales, como algunos montajes basados en textos de Shakespeare, y para demostrarlo, desde El Sol Latino Newspaper hablamos con una Julieta caribeña, Francesca Santodomingo.
Desde el pasado 5 de marzo, Arden Theatre Company (40 N 2nd Street, Philadelphia, PA 19106) presenta Romeo y Julieta, una versión moderna dirigida por Amina Robinson, quien en 2019 hizo historia como la primera mujer afro en ganar un premio Barrymore a la mejor dirección de un musical. Esta puesta en escena reexamina el clásico de Shakespeare a través de una lente femenino.
Robinson no se limita a retratar a Julieta como la clásica heroína romántica; la proyecta como un emblema de inocencia y empoderamiento, cuyo amor desafía las estructuras de un mundo anclado en el pasado.
“Esta historia tiene mucha historia del Caribe. A pesar de que está llena de mucha violencia y sumisión por parte de la mujer, también está llena de rebeldes (…) Me da la sensación de que a Julieta por muchos años la han desdibujado (…) a medida que estudio más el personaje me doy cuenta que ella es una rebelde, ella dice: ‘este mundo no puede ser así’ (…) la mayoría de las cosas que pasan en la obra es debido a ese ímpetu, entonces como mujer Caribe intento traer ese espíritu innegable en todas las mujeres de mi vida: mi mamá, mi abuela, mis tías, las mujeres de mi ciudad”, contó Santodomingo, una actriz originaria de Santa Marta, Colombia, que se ha abierto un espacio en Estados Unidos gracias a su talento y perseverancia.
Francesca debuta en Arden, pero cuenta con experiencia off-Broadway y un sólido camino académico, estudió un año música en Georgia University, y luego alcanzó un master en Fines Arts de la Southern Methodist University.

El llamado del arte
Cuando su madre se dio cuenta que tenía una inclinación por ser artista, estaba en boga la telenovela “La costeña y el cachaco”. “La canción de la novela salía y yo empezaba a hacer shows”, recordó. Desde muy niña fue locuaz y tenía la misión de hacer reír a los demás, sin un ápice de vergüenza. Pero, más allá de entretener, Francesca tiene un alto compromiso social por la reivindicación del rol de la mujer latina en el imaginario estadounidense.
“En muchos países en el mundo con corrientes conservadoras pueden aprender de esta revolución femenina latinoamericana, que es tan libre. Eso lo estoy trayendo y lo tengo muy presente cuando traigo mi voz al escenario. Hay muchas historias donde quieren poner a la mujer latina de una manera muy específica y muy sesgada y creo que al traer mi identidad a un personaje de Shakespeare, se hace un experimento muy chévere”, resaltó.
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Muchos artistas latinoamericanos han abierto las puertas para nuevos talentos, como el de Francesca, pero “es mucho más cómodo tener una sola idea de lo que es ser latino y lo que es ocupar espacios como latinos. Hollywood ha tenido ese nivel de confort, pero la realidad es mucho más compleja (…) Creo que ya no hay espacios para no dejarnos tener complejidad, ahora vemos presencia, pero hay mucho más por hacer (…) para vernos como seres humanos con muchas más facetas”, aseguró.
Francesca Santodomingo está agradecida por la oportunidad de interpretar este personaje, pero también cree que hay mucho por hacer para derrumbar barreras que los latinoamericanos pueden encontrar en la industria del arte y entretenimiento. Por eso, en el programa de la obra está una dedicatoria a las niñas colombianas, “muchas veces uno no se ve representado, y es importante que alguien diga ‘estoy aquí y voy a hacer el intento de honrar lo que represento’”.



































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