La captura del presidente venezolano Nicolás Maduro por fuerzas especiales estadounidenses generó escenas de júbilo entre comunidades venezolanas en el exterior. Un alto diplomático llegó a describir el hecho como “un nuevo amanecer para Venezuela”. Sin embargo, entre los cerca de ocho millones de venezolanos que abandonaron el país en la última década, el entusiasmo inicial dio paso rápidamente a la cautela.
Para muchos exiliados, la comparecencia de Maduro ante un tribunal en New York no representa, por sí sola, un cambio estructural en el poder. La permanencia de altos funcionarios del chavismo al frente del gobierno interino ha reforzado la percepción de que no existe una transición real. “En Venezuela no ha habido un cambio de régimen. No hay transición”, afirmó a AFP Ligia Bolívar, socióloga y defensora de derechos humanos radicada en Colombia desde 2019. “Nadie en esa circunstancia va a salir corriendo para Venezuela”, agregó.
Esa visión se repite entre quienes aún mantienen vínculos administrativos con su país. Alejandro Solórzano, de 35 años, esperaba renovar su pasaporte en un consulado venezolano cuando resumió su impresión con una frase: “Todo está igual”. La frágil situación económica continúa siendo un factor decisivo para permanecer en el extranjero, donde muchos han logrado estabilidad laboral y envían remesas a familiares que permanecen en Venezuela.
El temor al aparato de seguridad del Estado y a grupos armados afines al oficialismo también pesa en la decisión de no regresar. En los días posteriores a la caída de Maduro, se registraron operativos en Caracas para contener celebraciones públicas, lo que reavivó recuerdos de la represión de protestas pasadas.
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En el plano internacional, el presidente Donald Trump expresó su disposición a trabajar con la presidenta interina Delcy Rodríguez, figura clave del anterior gobierno, mientras dejó al margen a la líder opositora María Corina Machado. La Unión Europea, en cambio, reclamó que cualquier transición incluya a la oposición democrática.
Desde la diáspora, la expectativa es clara: sin garantías políticas, económicas y de seguridad, el retorno masivo aún parece lejano.


































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