En la antesala de una de las jornadas electorales más desafiantes de las últimas décadas, el presidente del Consejo Nacional Electoral (CNE) de Colombia, Cristian Quiroz, recorre ciudades clave del exterior con un mensaje claro: la democracia colombiana necesita de todos, incluso —y especialmente— de quienes están fuera del territorio nacional. El próximo 8 de marzo, más de 42 millones de ciudadanos están habilitados para votar en las elecciones de Senado y Cámara de Representantes, así como en las consultas presidenciales de izquierda, centro y centro-derecha. De ellos, 1.250.846 residen en el extranjero. Para Quiroz, ese número representa mucho más que una cifra; es un compromiso pendiente con la participación.
Abogado egresado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, especialista en Derecho Procesal y Derecho Procesal Penal de la Universidad Externado de Colombia, y magíster en Derechos Humanos y Derecho Internacional de los Conflictos Armados por la Escuela Superior de Guerra, Cristian Quiroz encarna un perfil técnico con experiencia política. Antes de llegar al máximo órgano de dirección electoral, fue director jurídico nacional del Partido Alianza Verde durante ocho años, asesoró a Colpensiones y al Instituto de Seguro Social en Santander, y litigó ante instancias como la Corte Suprema de Justicia y el Consejo de Estado. Esa trayectoria, afirma, le ha permitido comprender tanto la arquitectura institucional del Estado como las tensiones reales del sistema democrático.

Desde Miami, ciudad que concentra una de las mayores comunidades colombianas en el exterior, Quiroz habla con entusiasmo, pero también con tono de advertencia. Considera que estas elecciones son “las más complejas de los últimos 70 años”. No por debilidad institucional —subraya— sino por el contexto de polarización y crispación política que atraviesa el país. “Tenemos instituciones sólidas, una organización electoral robusta, pero el discurso público se ha radicalizado”, advierte. En su diagnóstico, la democracia colombiana es fuerte en estructura, pero vulnerable en el clima emocional que rodea el debate político.
El proceso del 8 de marzo tiene particularidades inéditas. Además de elegir Senado y Cámara, los ciudadanos podrán participar en tres consultas presidenciales que definirán candidatos para la primera vuelta prevista el 31 de mayo. Por primera vez, las consultas de distintos sectores ideológicos estarán en un mismo tarjetón, organizado por bloques y colores. El jurado de votación no entregará automáticamente esa tarjeta adicional: deberá informar al elector sobre su existencia, y será el ciudadano quien decida si la solicita.
La dimensión logística del proceso es contundente. En Colombia se habilitarán 13.746 puestos de votación y 125.259 mesas, con 862.392 jurados designados. En el exterior, habrá mesas en 67 países. La organización corre por cuenta de la Registraduría Nacional del Estado Civil, mientras el CNE ejerce la función de máxima autoridad en materia de escrutinio y control, otorgando credenciales a los elegidos.
Pero más allá de la infraestructura, el eje del discurso de Quiroz es la transparencia. En su visita a Estados Unidos presenta el lanzamiento de una plataforma de testigos electorales, una herramienta digital que busca reforzar la vigilancia ciudadana durante la jornada. Los testigos —designados por partidos y movimientos— estarán presentes en la apertura de las mesas, durante la votación y en el cierre. Allí, explica, tomarán fotografía del formulario E-14 (acta de escrutinio de mesa) y lo reportarán directamente a sus colectividades. De ese modo, en cuestión de minutos tras el cierre de urnas, cada organización política podrá contrastar resultados y ejercer control inmediato.
Para el presidente del CNE, los testigos son “el actor más importante de la jornada electoral”. No reportan al Estado, sino a sus partidos, lo que genera un sistema de contrapesos. La novedad es que esta plataforma también se implementará en los consulados, permitiendo que los colombianos en el exterior puedan acreditarse y capacitarse como testigos. El CNE asume la tarea de formarlos y certificarlos, garantizando que conozcan el procedimiento y actúen conforme a la ley.
En Miami se instalarán 216 mesas
La apuesta por el voto exterior es central en su agenda. En Miami, donde se instalarán 216 mesas, insiste en que la diáspora colombiana no puede limitarse a observar la política desde la distancia. “Son fuerza laboral, aportan a la economía nacional, sostienen familias, envían remesas. También deben sostener la democracia”, afirma. El sistema permite que los residentes fuera del país voten durante los ocho días previos a la fecha oficial, precisamente para facilitar su participación. La flexibilidad busca compensar las dificultades laborales y logísticas que enfrentan quienes viven fuera.
Históricamente, la participación del voto exterior ha sido baja. Quiroz reconoce esa realidad y la convierte en desafío. Considera que muchos colombianos siguen el acontecer político con intensidad desde Madrid, Quito, Caracas, Buenos Aires o Miami, pero no siempre traducen esa atención en sufragio.

El ambiente político interno es, según su descripción, intensamente competitivo. Más de 80 precandidatos presidenciales han manifestado interés, una cifra que para algunos podría parecer caótica, pero que él interpreta como síntoma de vitalidad democrática. “De eso se trata la democracia: de que todos puedan participar”, dice, convencido de que la pluralidad no es debilidad sino fortaleza.
No obstante, le preocupa el tono del debate. Habla de discursos de odio y de la necesidad de reducir el lenguaje discriminatorio. En su visión, la verdadera prueba institucional no es solo organizar una jornada técnicamente impecable, sino garantizar que cualquier ciudadano —de derecha, izquierda o centro— pueda votar sin intimidación ni estigmatización. La polarización, advierte, no debe traducirse en desconfianza hacia las reglas del juego.
Un organismo independiente
Sobre la independencia del CNE, Quiroz es enfático. Describe a la organización electoral como un sistema compuesto por dos grandes engranajes: el Consejo Nacional Electoral, encargado de la dirección y escrutinio, y la Registraduría, responsable de la operación logística en los 1.104 municipios y 32 departamentos. Aunque el presupuesto proviene del Gobierno, asegura que la autonomía administrativa y financiera está garantizada por la ley. “Somos quienes entregamos las credenciales a gobernadores, alcaldes, congresistas y al Presidente. Esa responsabilidad exige independencia”, remarca.
El 8 de marzo será, en palabras del propio Quiroz, una “fiesta democrática” que debe consolidar la confianza ciudadana. Con más de 41 millones de votantes habilitados en el país y más de un millón en el exterior, el desafío no es menor. El voto en Colombia no es obligatorio, pero para el presidente del CNE debería asumirse como deber moral. Confía en que la participación aumente y que el abstencionismo disminuya.
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Desde el exterior, su mensaje trasciende fronteras. No lo dirige únicamente a los colombianos, sino a América Latina. “El poder del voto es el poder constituyente primario”, afirma, recordando que la soberanía reside en los ciudadanos.
En Miami, Quiroz insiste en que la democracia colombiana necesita de sus ojos y sus voces fuera del país. Los medios de comunicación, dice, son multiplicadores y puente entre la diáspora y la realidad nacional. Pero la última palabra, subraya, la tiene el elector frente a la urna.

































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