De acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), Estados Unidos enfrenta un repunte crítico de sarampión con más de 1,100 casos registrados en menos de dos meses.
Esta cifra, que ya sextuplica el promedio anual habitual, ha encendido las alarmas en el sector salud. Los riesgos son severos: las proyecciones indican que, por cada 1,000 niños contagiados, uno podría sufrir encefalitis y hasta tres podrían fallecer. Incluso, registros de la Universidad Johns Hopkins sugieren que la magnitud del brote podría ser aún mayor a la reportada oficialmente.
“El sarampión es una infección feroz y deberíamos prevenirla”, le dijo a CNN el Dr. William Schaffner, experto en enfermedades infecciosas del Centro Médico de la Universidad de Vanderbilt. “Puede afectar a cualquier niño sano y normal en su forma más grave”.
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Con casi 2,300 casos reportados, el año pasado marcó la cifra de contagios de sarampión más alta en Estados Unidos desde 1991. Este repunte rompe drásticamente con la tendencia mantenida desde que la enfermedad se consideró erradicada en el país en el año 2000.
Los estados afectados abarcan desde Arizona, California, Florida y Georgia hasta Nueva York, Texas, Utah y Wisconsin, sumando un total de 26 jurisdicciones.
El grueso de los contagios se localiza en comunidades con bajas tasas de inmunización o donde el acceso a las vacunas es limitado.
El sarampión causa fiebre, problemas respiratorios y erupciones cutáneas. En algunos casos provoca neumonía e inflamación cerebral, incluso puede ser mortal.


































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