La mayoría de los estadounidenses cuenta con internet de banda ancha en el hogar y posee un teléfono inteligente, pero, el acceso y el uso de estas tecnologías no son iguales para todos: persisten brechas vinculadas a la edad, los ingresos, la raza y el origen étnico, según un estudio del Pew Research Center.
El uso cotidiano de internet se ha convertido en una norma entre los adultos. Nueve de cada diez estadounidenses se conectan a diario, y el 41% afirma estar en línea casi de manera constante. Esto refleja que la hiperconectividad ya forma parte de la vida cotidiana de una porción significativa de la población.
Las diferencias más marcadas en el uso casi permanente de internet se observan por edad. Mientras que el 63% de los adultos de entre 18 y 29 años dice estar conectado casi todo el tiempo, esta proporción cae al 14% entre las personas mayores de 65 años.
La brecha generacional refleja no solo distintos hábitos de consumo digital, sino también diferencias en la adopción tecnológica y la familiaridad con las plataformas online.
Los ingresos del hogar también influyen en la frecuencia de conexión. Aproximadamente la mitad de los adultos que viven en hogares con ingresos anuales de $100.000 dólares o más afirma estar conectado casi constantemente.
En los sectores de menores ingresos, la proporción es menor, aunque significativa: el 34% de quienes ganan menos de $30.000 al año declara conectarse con la misma intensidad.
Diferencias según el origen racial y étnico
Existen, además, diferencias según el origen racial y étnico. El 59% de los adultos asiáticos reporta un uso casi constante de internet, mientras que los adultos hispanos y afroamericanos presentan niveles más bajos. Los adultos blancos son el grupo menos propenso a afirmar que está conectado casi todo el tiempo.
En cuanto al acceso a internet de banda ancha en el hogar, alrededor de ocho de cada diez estadounidenses afirma contar con este servicio. La banda ancha incluye distintas formas de conexión de alta velocidad, como cable, fibra óptica, routers inalámbricos o servicios satelitales. No obstante, las brechas más persistentes se concentran en los niveles de ingresos.
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Solo el 54% de los adultos que viven en hogares con ingresos inferiores a $30.000 dólares al año está suscrito a banda ancha doméstica, frente al 94% de quienes viven en hogares de mayores ingresos. Esta diferencia de 40 puntos porcentuales subraya la dimensión económica de la desigualdad digital.
Las brechas también se expresan en términos geográficos y raciales. Los adultos que viven en zonas urbanas y rurales se suscriben a banda ancha a tasas similares, aunque ambos grupos presentan niveles inferiores a los de las áreas suburbanas.
Asimismo, los adultos afroamericanos e hispanos tienen menos probabilidades de contar con banda ancha en el hogar en comparación con los adultos blancos y asiáticos.
Aunque el nivel general de suscripción a banda ancha se ha mantenido relativamente estable en los últimos años, se registraron descensos recientes entre algunos grupos. Entre 2023 y la actualidad, la proporción de jóvenes de entre 18 y 29 años con banda ancha en casa bajó del 78% al 71%, mientras que entre los adultos hispanos cayó del 75% al 68%.

































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