Qué hermoso concierto se celebró en el Wilkins Theater de Kean University, en Union, New Jersey, con la leyenda viviente de la música caribeña y el pop, Billy Ocean.
El músico británico, nacido en Trinidad y radicado en Londres desde los siete años, marcó el ambiente a la perfección a sus 76 años, demostrando un control absoluto de la sala y del público. Desde los primeros momentos, llevó a la audiencia a un estado de relajación, buena vibra, felicidad y armonía, con pausas precisas y un groove impecable en cada interpretación.
Hizo una entrada al escenario elegante, caminando lentamente, vestido con un impecable traje azul y corbata, y luciendo su característica melena de trenzas ahora completamente blancas. Antes de comenzar, dedicó su presentación a Jesucristo, estableciendo un tono íntimo y espiritual.
El concierto abrió con One World, Nights (Feels Like Getting Down) y Mystery Lady, preparando el terreno para uno de sus grandes clásicos: There’ll Be Sad Songs (To Make You Cry).
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Acompañado por una banda sólida de nueve músicos, tres coristas, un saxofonista/clarinetista, dos guitarras (rítmica y líder), dos teclados y un baterista, logró darle a cada canción riqueza sonora y dinamismo.
Uno de los momentos más conectados con el público llegó cuando invitó a la audiencia a “salir de sus sueños y entrar en su carro” para interpretar Get Outta My Dreams, Get into My Car, el tema de 1988 incluido en la banda sonora de la película License to Drive.
La noche continuó con The Colour of Love, otra de sus grandes baladas, interpretada con gran sensibilidad, seguida por una emotiva versión de No Woman, No Cry, rindiendo homenaje a Bob Marley and The Wailers.
El ambiente se tornó aún más íntimo cuando presentó una de sus canciones favoritas: A Change Is Gonna Come, del legendario Sam Cooke. En esta interpretación se mostró profundamente inspirado, transmitiendo el sentido espiritual de esta obra icónica de la música estadounidense. Aquí quedó clara la riqueza de sus influencias: desde The Beatles y Rolling Stones, hasta los grandes clásicos del soul americano. Esa mezcla, sumada a sus raíces trinitarias con influencias de calypso y reggae, definen el estilo único de Billy Ocean.
El concierto retomó energía con Mystery Lady y dio paso a la balada Suddenly, momento en el que compartió que recientemente celebró los 40 años de este éxito. Recordó con emoción su experiencia al grabarla en Unique Recording Studios en Times Square, en pleno centro de Manhattan, Nueva York, rodeado de músicos de primer nivel.
Luego llegó Loverboy, uno de sus mayores éxitos globales, producido por el gran Keith Diamond, genio musical que trabajó con artistas como Mick Jagger, Michael Bolton o Donna Summer. Con Loverboy, Ocean y Diamond lograron alcanzar el puesto #2 de las 100 Calientes de la revista Billboard con una fusión magistral de pop, rock y dance.
El show siguió con temas de soundtracks como When the Going Gets Tough, the Tough Get Going, la canción principal de la película de 1985 La Joya del Nilo, protagonizada por Michael Douglas, Kathleen Turner y Danny DeVito.
Al final, interpretó Daylight, una canción con tono de fiesta con un sonido y estilo parecido a All Night Long de Lionel Richie, en un momento que aprovechó para presentar a los talentosos músicos de su banda.
El cierre esperado y contundente fue con Caribbean Queen (No More Love on the Run), el éxito que le otorgó un premio Grammy, desatando la alegría del público y sellando una presentación hermosa.
Una noche perfecta con público animado y sonriente, un escenario excepcional como el Kean Stage que ofrece una experiencia íntima, de fácil acceso y con un personal amable y profesional.
Gracias a Kean University y a su equipo de mercadeo por la oportunidad de cubrir este magnífico concierto.
Por: René Rincón – Especial para El Sol Latino Newspaper

































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