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	<title>Víctor Corcoba, Author at El Sol News Media</title>
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	<title>Víctor Corcoba, Author at El Sol News Media</title>
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		<title>Hay que dejar de enfrentarse</title>
		<link>https://elsolnewsmedia.com/nuestros-enfrentarse/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Víctor Corcoba]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 30 Apr 2022 11:30:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacados B]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[El Sol Latino]]></category>
		<category><![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>“La concordia no conoce fronteras, únicamente el egocentrismo y el rencor, hacen territorio para sí y los suyos”. Nos hemos globalizado pero sin vínculos, con la necedad de los abecedarios mundanos, sin dejar paso a la escucha de nuestros sentimientos. Cada día son más las batallas entre mentes perversas, sin escrúpulos y al límite de [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><strong><em>“La concordia no conoce fronteras, únicamente el egocentrismo y el rencor, hacen territorio para sí y los suyos”. </em></strong></p>
<p>Nos hemos globalizado pero sin vínculos, con la necedad de los abecedarios mundanos, sin dejar paso a la escucha de nuestros sentimientos. Cada día son más las batallas entre mentes perversas, sin escrúpulos y al límite de la desesperación. Tanto es así, que solemos andar en vilo entre la vida y la muerte, fruto de este tendido desmoralizante. Sea como fuere, esta atmósfera de sufrimiento existencial tiene que cesar; y, sin duda, debe comenzar por los propios hogares, multitud de ellos ahogados de lamentos y sin orientación alguna. Necesitamos, seguramente, aproximarnos; dejarnos oír más, no con las ideas sino con el corazón. Hay que silenciar el ruido de los hirientes vocablos subterráneos, corruptos e ilícitos en muchas ocasiones, retirar el poder de las armas poniendo más voluntad en nuestras acciones, destronar intereses y salvaguardar la existencia en un mundo que ha de ser de todos y de nadie en particular. Es cuestión de removerse por dentro, cada cual consigo mismo, si en verdad queremos superar todas estas absurdas e inútiles revueltas, para redescubrirnos en el gozo armónico de lo fraterno. La concordia no conoce fronteras, únicamente el egocentrismo y el rencor, hacen territorio para sí y los suyos.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Puedes leer: <a href="https://elsolnewsmedia.com/no-mas-nudos-entre-nosotros/" target="_blank" rel="noopener">¡No más nudos entre nosotros!</a></strong></p>
<p>Indudablemente, nuestra gran asignatura pendiente es aprender a reprendernos, a relacionarnos con nuestros semejantes, a cultivar el respeto y la consideración hacia todos, a detener las pugnas y las provocaciones, que nos están deshumanizando por completo. Bajemos de este tren que camina descontrolado y sin rumbo, marquemos otros lenguajes, extendamos la cultura del espíritu sobre el cuerpo, seamos pacientes y comprensivos, pongámonos en plena sintonía con la aurora del relato y no trunquemos la floración del gozo. Por una vez, y para siempre, quitemos las vendas y salgamos a defender los valores del hallarse, verse y encontrarse. En ese reencuentro vital hay que destronar las tensiones, el aislamiento, la furia que nunca reconduce a buen puerto, tomar su pulso poético y su pausa humanitaria para que podamos contemplar los cielos abiertos, con la clemencia necesaria para entendernos y atendernos. Sólo así, estos fuegos destructores cesarán, porque hasta el obsesivo afán por el poder, desaparecerá de la faz de la tierra, para convertirnos y reconvertirnos en poetas de servicio.</p>
<p>Vuelvan al mundo esos sueños idílicos arrinconados, dejémonos acompañar por ellos, háganse realidad a la hora de reconducirnos y en nacer con este nuevo día. Vivamos, pues, los brotes de la contemplativa entrega del donarse, tras perdonarse, del hacer para los demás, lo que cada uno quisiera que sus análogos hicieran para él. Será, naturalmente, un sano despertar. No es fácil, lo sé, pero tampoco imposible de llevarlo a cabo, si en el camino nos hallamos con órganos acogedores, dispuestos siempre a fortalecernos como estirpe unida. No olvidemos, que son nuestros salones internos, la sede de nuestras sensibilidades y de las intenciones. De ahí, la exigencia de hacer examen a nuestros propios espacios de diálogo, antes de que nos traspasen el alma los tormentos que nos inventamos unos contra otros, poniéndolos en acción, muchas veces desde el pedestal del ordeno y mando. Precisamos, por ello, tener tiempo para nosotros, para ese análisis con la realidad, que aunque nos cueste esfuerzo realizarlo es una necesidad, cuando menos para ser capaces de apreciarnos y estimarnos, con aliento de profunda comunión, que es lo que nos hace siempre obrar con equidad y moralidad en todos los niveles.</p>
<p>Desde luego, no hay mejor forma que plantarse ante el aluvión de retos y oposiciones que nos tejemos a diario entre sí. La esperanza es lo último que podemos perder. Está visto que juntos podemos afrontarlo todo. Nada se nos resiste. Por cierto, Naciones Unidas acaba de reconocer como el derecho a un medio ambiente saludable está ganando adeptos. Es cierto que nos queda mucho por hacer en este sentido, pero hemos tomado el camino correcto, puesto que portamos una fuerte unidad de latidos en este forjar. Precisamente, son esas conexiones de percusiones soñadas, las que suelen evitarnos las catástrofes. De ahí, la importancia de prevenir también los conflictos y de poner de acuerdo a las partes implicadas. También se puede llevar a buen término este último anhelo, con el compromiso de todos, en lo que se ha dado en llamar, diplomacia preventiva. El refranero ya lo tenía mundializado desde hace una eternidad: “La unión hace la fuerza”. Quizás tengamos, por tanto, que regresar a ese verso justo, que nos haga sollozar a todos y una vez estremecidos, por el desahogo, nos demos una oportunidad más, la de comprendernos. Consolidada la paz, volveremos a ser parte del interminable poema viviente. Enfrentados, sin embargo, jamás seremos esa celeste loa con la que soñamos convivir perennemente.</p>
<p><span style="color: #808080;"><em>Por: Víctor Corcoba Herrero</em></span></p>
<p><em>Algo más que palabras</em></p>
<p><a href="http://corcoba@telefonica.net" target="_blank" rel="noopener">corcoba@telefonica.net</a></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Al calor de la divina misericordia</title>
		<link>https://elsolnewsmedia.com/divina-misericordia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Víctor Corcoba]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 27 Apr 2022 10:52:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[El Sol Latino]]></category>
		<category><![CDATA[Víctor Corcoba Herrero]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>(No hay caminante sin la savia vital del Crucificado, como tampoco hay familia sin la alianza divina del amor; porque al fin, somos esa mística unidad en torno a Cristo. En clemente paz, todos nos sentimos llamados a su mesa, conciliados y reconciliados con el latido que soy y la palabra que vierto). I.-  PERDONANDO [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><em>(No hay caminante sin la savia vital del Crucificado, como tampoco hay familia sin la alianza divina del amor; porque al fin, somos esa mística unidad en torno a Cristo. En clemente paz, todos nos sentimos llamados a su mesa, conciliados y reconciliados con el latido que soy y la palabra que vierto). </em></p>
<p style="text-align: center;"><strong>I.-  PERDONANDO SIEMPRE</strong></p>
<p>Más allá de la acción concreta,</p>
<p>está la plegaria que nos revive;</p>
<p>la luz que nos hace estar vivos,</p>
<p>revestidos de la mayor alegría;</p>
<p>la de servir sin apenas servirse.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay que vencer y convencerse,</p>
<p>que eximiendo se reconducen</p>
<p>andares, se aminoran las cargas,</p>
<p>pues a pesar de los mil pesares,</p>
<p>se esclarecen las áreas celestes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A la cruel espiral de violencia,</p>
<p>sólo la frena del desenfreno,</p>
<p>el prodigio eterno del perdón,</p>
<p>que todo lo piensa y dispensa,</p>
<p>en un aprender a reprenderse.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>II.- SIEMPRE ORANTE </strong></p>
<p>Doblo las rodillas ante todo,</p>
<p>porque todo está enraizado</p>
<p>en el nosotros, que nos vive,</p>
<p>en ese amor que nos encauza,</p>
<p>que se nos revela en el alma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ponerse de hinojos nos eleva,</p>
<p>invita a renunciar a sí mismo,</p>
<p>a volcarse y a verterse unidos,</p>
<p>a convertirse en un asistente,</p>
<p>que es lo que nos engrandece.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Caminemos en actitud orante,</p>
<p>dejemos que hable el corazón,</p>
<p>con gestos de apertura a Dios,</p>
<p>y de ruego global por el linaje,</p>
<p>en busca de una vía de refugio.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>III.- AHORA ES SIEMPRE AÚN </strong></p>
<p>De sol a sol es siempre aún,</p>
<p>siempre es vida el amanecer,</p>
<p>siempre es bello el moverse,</p>
<p>siempre es gozoso el abrazar;</p>
<p>es razón de dar, de donarse.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el legarse y en el tolerarse,</p>
<p>está la gloriosa benevolencia,</p>
<p>de siempre, del ahora mismo;</p>
<p>porque la clave reside en hallar,</p>
<p>siempre motivos para quererse.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El Señor nos absuelve siempre,</p>
<p>mas siempre somos los humanos,</p>
<p>los que nos subimos al pedestal,</p>
<p>y no bajamos de nuestra miseria:</p>
<p>a rendir cuentas, a pedir piedad.</p>
<p><span style="color: #808080;"><em>Por: Víctor Corcoba Herrero</em></span></p>
<p><span style="color: #808080;"><em>Compartiendo diálogos conmigo mismo</em></span></p>
<p>corcoba@telefonica.net</p>
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		<title>¡No más nudos entre nosotros!</title>
		<link>https://elsolnewsmedia.com/no-mas-nudos-entre-nosotros/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Víctor Corcoba]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 22 Apr 2019 13:40:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[El Sol Latino]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>“El mundo será lo que nosotros queramos que sea”. Vivimos tiempos propicios para la reflexión calmada, ya que desde la aurora de la Pascua una nueva primavera de luz nos anima, y en verdad que necesitamos, (creyentes y no creyentes), de este sosiego meditativo, al menos para desenredar los diversos nudos que nos hacemos unos [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<blockquote>
<p style="text-align: right;"><em>“El mundo será lo que nosotros queramos que sea”. </em></p>
</blockquote>
<p>Vivimos tiempos propicios para la reflexión calmada, ya que desde la aurora de la Pascua una nueva primavera de luz nos anima, y en verdad que necesitamos, (creyentes y no creyentes), de este sosiego meditativo, al menos para desenredar los diversos nudos que nos hacemos unos a otros durante el camino existencial. El acontecimiento está ahí, no es un sueño, ni una visión utópica, renace en nosotros cada año como algo único e irrepetible, continúa siendo la gran noticia para toda la humanidad: Jesús de Nazaret, hijo de María, que en el crepúsculo del viernes fue bajado de la cruz y sepultado, ha salido vencedor de la tumba. En efecto, el anuncio de la resurrección no es un invento, sino una realidad histórica que nos acrecienta de luz y esperanza. Ojalá, pues, los moradores del planeta en su conjunto se reconcilien entre sí, y ayuden a consolidar un futuro de seguridad común, a través de una pacífica convivencia, sin otras armas que las de la justicia y la verdad, la clemencia y el entendimiento, el compromiso y el deseo del bien.</p>
<p>Desanudémonos y confluyamos en un lenguaje en el que nos veamos de modo transparente, con los ojos de la autenticidad y la mirada redentora de quien es poesía sobre todo lo demás, y que espera junto a nuestra palabra, también nuestra acción. El mundo será lo que nosotros queramos que sea. No lo olvidemos. Ya está bien de torturarnos mutuamente, de maltratarnos como salvajes, de violentar nuestros propios derechos humanos. Por si fueran pocas estas hazañas de odio y venganza, también somos una sociedad contaminante, destructiva a más no poder, a la que le falta voluntad y coraje, para hacer de sus buenos propósitos otros caminos más armónicos, de modo que lleguemos a ser realmente consanguíneos de Jesús de Nazaret, colmados de su paz y, así, de igual modo hermanados en esa diversidad que nos enriquece y esperanza por las vías del mundo como linaje.</p>
<p>De una vez por todas, por tanto, no más nudos entre nosotros. Pensemos que Cristo murió en la cruz por amor. Y bajo estos níveos sentimientos, la misma noche oscura, comienza a esclarecer y a renovarse. Es tiempo de rescate, de encuentros con la vida y con nuestros equivalentes, de despojarnos de nuestras miserias y tomar otras inquietudes más trascendentes. Docto símbolo de esta verdad es la saeta entonada desde el manantial poético del alma, siempre dispuesta a destruir el mal y a calmar los corazones afligidos, para acabar floreciendo con otros andares más del corazón que del cuerpo. La mano del Redentor nos sustenta, y así podemos versar el canto de los redimidos, el tierno y el eterno ¡aleluya! del amor pleno. En consecuencia, hay que volver al verso más profundo para sentirse un melódico universo en el pulso materno de la auténtica vida, donde las ayudas humanitarias no escasean, porque el amor verdadero lo auxilia todo y lo compadece por siempre.</p>
<p style="text-align: right;"><strong><em>corcoba@telefonica.net</em></strong></p>
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		<item>
		<title>Bravo por esos soplos conciliadores</title>
		<link>https://elsolnewsmedia.com/bravo-por-esos-soplos-conciliadores/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Víctor Corcoba]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 11 Apr 2019 19:11:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[El Sol Latino]]></category>
		<category><![CDATA[Víctor Corcoba]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>“Amar es lo contrario de lucrarse, es donarse y perdonarse sin más, es como un sueño dentro de otro sueño, que se funde en un anhelo de bondades y virtudes”. Reconozco que me entusiasman los espíritus vigilantes, aquellos que están en vela permanente, dispuestos a luchar sin miedo alguno por poner calma allá donde la [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote>
<p style="text-align: right;"><em>“Amar es lo contrario de lucrarse, es donarse y perdonarse sin más, es como un sueño dentro de otro sueño, que se funde en un anhelo de bondades y virtudes”. </em></p>
</blockquote>
<p>Reconozco que me entusiasman los espíritus vigilantes, aquellos que están en vela permanente, dispuestos a luchar sin miedo alguno por poner calma allá donde la violación y la barbarie agita los corazones más sensibles e inocentes, o  allende donde la libertad se encarcela y la estupidez nos halaga, con la toxicidad de un lenguaje que todo lo falsea, mediante una desbordante necedad de veneración hacia fetiches e ídolos que lo único que hacen es suavemente tomar posesión de nuestra buena disposición, robarnos el corazón y dividirnos en suma. Precisamente, la carga no se alivia activando las armas, sino fomentando los encuentros, en lugar de exterminar al enemigo. Hemos de saber que la enemistad lo único que hace es separarnos, levantar muros, excluirnos unos a otros, construir barreras que nos impiden hermanarnos y armonizarnos. Por eso, es importante cambiar de actitudes, transformarnos en ciudadanos del orbe, capaces de prestar auxilio siempre, pues la mejor invitación es la de ser clemente para poder conciliar diversidades y aminorar conflictos, reconciliando divergencias, a veces hasta consigo mismo. En consecuencia, nos corresponde a cada cual abrirnos a los demás y no ser prisioneros de ese mal que podemos generar. Desde luego, la humanidad en su conjunto, pero además cada individuo en su fuero interno, ha de vencer la actual hipocresía mundana e interrogarse sobre si uno siembra armonía u hostilidad.</p>
<p>Indudablemente, el más efectivo alivio pacificador radica en ser gentes de concordia, en no cosechar cizaña, en parar todas las luchas. Téngase en cuenta que lo único que activan estas operaciones es la destrucción de nuestro propio espíritu humanístico. A propósito, la Alta Comisionada para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, dijo recientemente estar impresionada de la situación en México: &#8220;Sabía de la violencia, pero no tenía impresión de la dimensión&#8221;; afirmando, posteriormente, que “sin seguridad no hay derechos humanos, pero sin derechos humanos tampoco hay seguridad”.  Por desgracia, aún nos agitamos más por nuestras haciendas que por actuar con sensatez y sentido común. Ojalá utilizáramos la palabra en su lucidez más poética para aproximarnos y entendernos. ¡Ay los vicios humanos! Jamás utilicemos un vocablo que nos fragmente, nunca, de ningún modo una voz que nos lleve a la guerra, tampoco esparzamos chismes. Al respecto, también el Papa Francisco ha dicho en reiteradas situaciones sobre las habladurías que, frecuentemente, tenemos que mordernos la lengua, porque “quien critica es como un terrorista que lanza una bomba y se marcha, destruye: con la lengua se demuele, no se construye la paz. Pero es astuto, ¿eh? No es un terrorista suicida; no, no, él se protege bien”. Claro, y en ocasiones, todavía se lava las manos para que no quede resto alguno. Bravo, pues, por esos alientos conciliadores que están ahí, en cualquier esquina, serenando los ánimos, haciendo camino, creciendo humanamente para que todos colaboremos en este sueño del amor incondicional, de la entrega generosa, hasta verse en el otro que nos mira.</p>
<p>Porque amar es lo contrario de lucrarse, es donarse y perdonarse sin más, es como un sueño dentro de otro sueño, que se funde en un anhelo de bondades y virtudes. Esto nos ayuda a imaginar otro mundo más habitable. Lo trascendente, al fin, es tender puentes, alzar moradas sin puertas, dar vida sin pedir nada a cambio, trabajar mancomunados que es lo que hace que la vida sea atrayente. En absoluto, por tanto, abandonemos la ilusión. Es lo que nos hace crecer y transcender, vivir y desvivirnos, caminar y no desvanecer. Nada mejor que el deseo para fecundar el destino. Se me ocurre pensar en las mujeres, por aquello de haber hecho resplandecer, dentro de la pluralidad de caracteres, su innata igualdad con el hombre. Nos consta que hoy tienen un mayor control sobre su vida reproductiva, más que en cualquier otro momento de la historia, pero todavía 200 millones de ellas no tienen acceso a anticonceptivos. Es la conclusión del último informe sobre el Estado de la Población Mundial de la ONU. El 58% de las mujeres en todo el mundo usan métodos anticonceptivos modernos, un porcentaje que baja hasta el 37% en los países más pobres. &#8220;El hecho de poder decidir el número de hijos y cuándo tenerlos, les ha abierto las puertas a una vida no dominada por la maternidad y la crianza de los niños, y ha contribuido a reducir la desigualdad de género&#8221;, dice el análisis; y, en verdad, la mujer ha adquirido en el mundo una influencia, que tenía negada, cuando en realidad ellas son las que pueden ayudar a acrecentar esos soplos conciliadores que nos fraternicen. Nuestros días corren el riesgo de convertirse en noches inhumanas. Sólo ellas, pueden hacer estirpe en un momento de tanto salvajismo, de tanta locura demoledora. Tienen otra sensibilidad. Al fin y al cabo, la dicha no es más que una visión con cuerpo de poesía, que no entiende nada más que de humildad y de acogida.</p>
<p style="text-align: right;"><a href="mailto:corcoba@telefonica.net">corcoba@telefonica.net</a></p>
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		<title>¿Cara de tristeza o pesimismo en el alma?</title>
		<link>https://elsolnewsmedia.com/cara-de-tristeza-o-pesimismo-en-el-alma/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Víctor Corcoba]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 14 Mar 2019 11:30:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[El Sol Latino]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>“Debemos prepararnos para la lucha espiritual”. El gran riesgo del mundo de hoy es proseguir con un estilo de vida que no entiende de vínculos entre las personas, deshumanizándolo todo y debilitando nuestro propio desarrollo humanístico. De ahí, la importancia de avivar otros proyectos educativos más innovadores que nos enseñen a pensar críticamente, al menos [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote>
<p style="text-align: right;"><em>“Debemos prepararnos para la lucha espiritual”. </em></p>
</blockquote>
<p>El gran riesgo del mundo de hoy es proseguir con un estilo de vida que no entiende de vínculos entre las personas, deshumanizándolo todo y debilitando nuestro propio desarrollo humanístico. De ahí, la importancia de avivar otros proyectos educativos más innovadores que nos enseñen a pensar críticamente, al menos para poder discernir, y optar por un camino de maduración en valores. Sólo así podremos volver a empezar a ilusionarnos, a crecer y a despojarnos de esta cara de funeral, que todos llevamos consigo alguna vez. La desconfianza y la decepción parecen estar presentes en la mirada de muchas personas. La falta de consideración hacia nuestros análogos y el cúmulo de hechos agresivos nos dejan sin una sonrisa en los labios. Por otra parte, hay un juego de competitividad que nos ahorca. Prolifera la ley del más fuerte. La gente que no es productiva se le ralla y se abandona. Todo está como muy dividido por intereses de mercado, y ante este mundo tan cruelmente fragmentado, los conflictos no cesan. Ojalá aprendamos a entendernos, a luchar por la justicia sin violencia, a vivir tendiendo la mano para morar unidos. Hace falta calmar muchas vidas rotas, destruidas injustamente, en estado pésimo, pesimistas quizás, porque llevan consigo una enfermedad del espíritu.</p>
<p>Por si fuera poco el llanto, nuestra madre tierra aparenta hallarse muy dolorosa con nosotros, con tanta sobreexplotación y poco compartir. Todavía no hemos sido capaces de lograr un modelo circular de producción que asegure recursos para todos, moderando el consumo, reutilizando y reciclando en verdad, con una mayor eficiencia en el aprovechamiento. Por cierto, un informe reciente de ONU-Medio Ambiente alerta de que, si no aumentamos drásticamente las medidas para proteger el entorno, podrían producirse millones de muertes prematuras a mediados de siglo, en ciudades y regiones de Asia, Oriente Medio y África. Al parecer, la resistencia antimicrobiana va a ser una de las principales causas de muerte en 2050 debido a la contaminación de fuentes de agua dulce, y los interruptores endocrinos afectarán la fertilidad masculina y femenina, así como el avance neurológico infantil. También aquí, en nuestra casa común, hace falta poner orden, para que los agentes contaminantes cesen, ya que todos por génesis tenemos derecho a coexistir y a ser feliz, o al menos a ver la luz del sol brillar en todas partes. Sea como fuere, me niego a ver nada más que sombras. Dejemos que el arcoíris al menos cohabite en nuestro interior.</p>
<p>Ciertamente todo está relacionado armónicamente, y la intervención humana, ha de considerar esta biodiversidad como un depósito de energía a considerar, con el gozo que esto supone y la alegría que infunde donarse y engendrar regocijo, porque sin ese júbilo, toda existencia es inútil.  Además, sin una disposición vivaz y radiante será complicado regenerarse, revivirse, puesto que la congoja del alma puede ahogarte mucho más rápido que un microorganismo. Es verdad que en un mundo angustiado y oprimido por tantos problemas es fácil tender a la desesperanza. Jamás caigamos en ello, es un sentimiento injustificado, si en realidad estamos vivos. El cambio está en nosotros mismos. No olvidemos que somos ciudadanos de esperanza. Debemos prepararnos para la lucha espiritual. No lo hagamos cuerpo a cuerpo, siempre corazón a corazón. Por tanto, no se justifican que permanezcan atmósferas desesperantes en nuestro acontecer diario. Hemos de ser personas de acción y reacción, no gentes pasivas, aunque con tristeza en la cara por cierta indecisión, cobardía o temor. Sin duda, estamos obligados a afrontar todas las necesidades humanitarias, máxime cuando millones de personas en todo el mundo permanecen en un profundo estado de vulnerabilidad. En consecuencia, es trascendental, tanto para la especie como para su hábitat, simpatizar con ese ánimo entusiasta. Las posibles llagas de nuestra biografía también se sanan mucho mejor de este modo, con esa saludable locura de vivir y dejar vivir.</p>
<p style="text-align: right;"><strong> </strong><strong>corcoba@telefonica.net</strong></p>
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		<title>Angustias sociales</title>
		<link>https://elsolnewsmedia.com/angustias-sociales/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Víctor Corcoba]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 05 Mar 2019 13:59:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacados B]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[El Sol Latino]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>“Nada somos por sí mismo, todos estamos interconectados; y es, este poder colectivo humanitario, el que nos salva o nos destruye”. &#160; Mientras el tiempo fluye inevitablemente, el carácter transitorio de nuestra condición humana va tomando posiciones, pero la fuerza vivificante de los amaneceres nos invita a renacer y a reinventarnos cada día. Está visto [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<blockquote>
<p style="text-align: right;">“Nada somos por sí mismo, todos estamos interconectados; y es, este poder colectivo humanitario, el que nos salva o nos destruye”.</p>
</blockquote>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mientras el tiempo fluye inevitablemente, el carácter transitorio de nuestra condición humana va tomando posiciones, pero la fuerza vivificante de los amaneceres nos invita a renacer y a reinventarnos cada día. Está visto que por muchas miserias humanas que aglutinemos, el itinerario de la esperanza jamás desfallece en nuestros corazones, pues por muy grande que sea la incertidumbre global, siempre hay caminos que nos alientan a seguir luchando y viviendo.</p>
<p>Ciertamente, en muchos rincones del mundo es fuerte la angustia social, porque las desigualdades continúan siendo un desafío y las injusticias son una realidad que prosiguen ahí, pero nuestro espíritu más pronto que tarde sentirá la responsabilidad de avanzar en otra dirección, hacia metas más confluentes de luz, a través de ese entrenamiento místico de conciliación y generosa entrega. Sea como fuere, necesitamos abrirnos a la escucha, redescubrirnos interiormente, ilusionarnos para poder transformar esas políticas de cohesión en contextos que nos fraternicen. Nada somos por sí mismo, todos estamos interconectados; y es, este poder colectivo humanitario, el que nos salva o nos destruye. Entonces, no sólo tenemos que hacernos más responsables, también más solidarios para ayudarnos unos a otros. Esta es la cuestión prioritaria, toda existencia individual va a estar determinada por esa influencia humanística, de manera que a un ser humano solo le puede proteger, amparar y acoger, su propio análogo.</p>
<p>El progreso, por tanto, está en nosotros; en querer sumar esfuerzos conjuntos, en tener voluntad armónica para hacer unidad, pues tan importante como el pan de cada día es sentirse querido y encontrar una respuesta tranquilizadora a tanto corazón quebrantado y humillado. A propósito, me quedo con ese mensaje de Meritxell, que después de tres años en un país bicontinental situado en Oriente Próximo y en África, se incorpora en unos meses a la oficina de UNICEF en Ginebra como subdirectora de programas de emergencia de la citada organización. En un tuit de despedida escribió algo que sinceramente me conmovió, que se marcha “triste, porque no he visto la paz”, pero “optimista” porque cree “que los que están en el poder serán lo suficientemente inteligentes para dejar de luchar y empezar a pensar en los inocentes de la República de Yemen”.</p>
<p>En efecto, cada instante es favorable al cambio y cada día es un recomenzar de nuevo, desde los  pequeños gestos, dejándonos iluminar por esa auténtica comunión íntima que todos llevamos consigo a través de nuestra innata conciencia. Pueden ser muchas las angustias sociales, algunas encerradas en nosotros mismos, en nuestro egoísmo personal, pero si nos abrimos a la necesidad de nuestros semejantes, seguro que mejoramos nuestra personal historia de caminantes, que buscan ser acompañados. Al fin y al cabo, sólo las relaciones afectivas nos dan sentido y nos hacen grandes, puesto que estamos predestinados a ser una gran familia para poder sostenernos y sustentarnos a ese acontecer de subsistencia.</p>
<p>Por desgracia, presenciamos unos andares que no dejan paso a la tranquilidad; unas veces porque se ocultan guerras comerciales entre potencias mundiales, en otras ocasiones porque la mala alimentación amenaza la salud mientras se tira un tercio de los alimentos y algunos niños, según advierte UNICEF, expresan miedo a la violencia y a separarse de sus familias, porque también sus propios progenitores migrantes sufren discriminación, impunidad y marginación. Por todo ello, lo que se nos exige es otro espíritu más pacificador que nos permita trabajar unidos para alcanzar consensos en temas fundamentales para el futuro de la especie humana. De lo contrario, las mismas angustias sociales que nos acorralan, la pérdida del sentido de la vida y de la convivencia, crecerán hasta dejarnos sin aire, en parte motivada por esa ausencia de identidad humanística, cuando en verdad todo se puede resolver a través del diálogo y de la acción colectiva.</p>
<p>Frecuentemente también se nos impide tomar contacto directo con la inquietud, con la alegría del otro e incluso con el dolor del semejante. Quizás nos falte, por consiguiente, activar una más profunda y auténtica relación interpersonal. El aislamiento es lo más dañino para cualquier ser humano. En cualquier caso, nunca es tarde para desarrollar la capacidad de salir de si hacia el mundo para contribuir a hacer a alianzas universales, con lo que esto conlleva de revolución y renovación en nuestra forma de pensar, sentir y vivir.</p>
<p style="text-align: right;"><strong>corcoba@telefonica.net</strong></p>
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		<title>La utopía es el umbral de toda mejora</title>
		<link>https://elsolnewsmedia.com/la-utopia-es-el-umbral-de-toda-mejora/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Víctor Corcoba]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 03 Mar 2019 14:15:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacados B]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[El Sol Latino]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>“Hay que unirse para hacer mundo, pero también para trabajar juntos, y acometer grandes sueños sabiendo estar despierto”. En lo que anhelamos ser, está el futuro; algo que es nuestro, de uno mismo, más interior que exterior, que pende en gran parte de la familia, de nuestra capacidad de hacer linaje, lo que requiere un [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<blockquote>
<p style="text-align: right;">“Hay que unirse para hacer mundo, pero también para trabajar juntos, y acometer grandes sueños sabiendo estar despierto”.</p>
</blockquote>
<p>En lo que anhelamos ser, está el futuro; algo que es nuestro, de uno mismo, más interior que exterior, que pende en gran parte de la familia, de nuestra capacidad de hacer linaje, lo que requiere un verdadero diálogo entre todos nosotros, porque sin el otro tampoco hay porvenir para mí, de ahí la responsabilidad que pesa sobre cada cual, en la cimentación de ese horizonte armónico que todos nos merecemos por dignidad humana. En consecuencia, personalmente también pienso, como ya en su tiempo lo hacía el inolvidable escritor colombiano Gabriel García Márquez, que jamás es demasiado tarde para elevar una utopía que nos permita compartir la tierra, y así poder hermanarnos. Hemos de obligarnos a ello. Hay que unirse para hacer mundo, pero también para trabajar juntos, y acometer grandes sueños sabiendo estar despierto.</p>
<p>Es cierto que, en ocasiones, la realidad no acompaña, pero la esperanza del cambio es posible, a pesar de que un estudio reciente sobre “Perspectivas sociales y del empleo en el mundo: Tendencias 2019”, nos indique que durante el año pasado “la mayoría” de los 3300 millones de personas ocupadas carecían de la suficiente “seguridad económica, bienestar material e igualdad de oportunidades”, y además añade, que los progresos en la disminución de desempleo a nivel mundial no evidencian “una mejora de la calidad del trabajo”. Sea como fuere, son estos actuales déficits sociales, como el de trabajo decente y digno, sobre el que hay que actuar de manera global, puesto que la velocidad de reproducción de las desigualdades es un mal que nos inunda. Por desgracia, de cumplirse los pronósticos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el incremento de la población activa hará que aumente el número de desempleados a un ritmo de un millón de personas por año, llegando a los 174 millones de desocupados el año 2020.</p>
<p>Por eso, es importante ese espíritu utópico que reivindico de manera consciente, al ser principio de toda mejora, que nos sirve para caminar y cuando menos para diseñar un futuro mejor. No le cortemos las alas a nadie, y máxime la de aquellas gentes que luchan por el cumplimiento de los derechos humanos, que batallan contra el cambio climático, que apuestan por la igualdad de género, por defender a los migrantes y refugiados. Llegado a este punto, tengo que reconocer que me gustan las mareas humanas activas, son mi debilidad; esa ciudadanía que construye puentes, que derriba muros, que integra la diversidad, que promueve la cultura del encuentro, que instruye y educa desde su ejemplaridad de quehaceres en el perdón y la reconciliación, en el sentido de la justicia, en el rechazo a la violencia, en el valor de unidad y unión universal. A veces de estos sueños surgen grandes oportunidades, y la misión que parecía casi imposible, se torna viable y hasta real, pues es la apertura de esas puertas pequeñas las que nos engrandecen y nos dan satisfacciones. Se me ocurre pensar en esas batalladoras mujeres de todo el mundo, que poco a poco están haciendo de la desigualdad de género en la música, un problema cada vez más evidente. Algo que se ha presenciado en grandes eventos como los Premios Grammy de 2019, donde hubo una alta representación femenina y algunas artistas hablaron públicamente sobre la problemática.</p>
<p>La misma utopía de los derechos humanos, que tiene en Europa su verdadero hogar, también en este continente europeísta los hemos degradado, cuando no ignorado, hasta límites extremos. Sólo hay que ver el trato que reciben algunos migrantes o el mercadeo de vidas humanas que a diario se producen en un orbe tan conflictivo como el presente, en parte por no avivar ese espíritu racional y moral, como valor esencial y bien supremo. Quizás, hoy más que nunca, estamos invitados a repetir este pulso creativo y natural de San Francisco de Asís: “Señor, haznos artífices de paz; donde domina el odio, que nosotros proclamemos el amor; donde hay ofensas, que nosotros ofrezcamos el perdón; donde abunda la discordia, que nosotros construyamos la paz”. Precisamente, es esta quietud utópica, la que debe instarnos a desarmarnos, a ofrecer el corazón, pues si el pan de cada día es vital o el mismo aire es necesario para vivir, también hemos de poner voluntad en impulsar el entendimiento entre semejantes. No habrá acuerdo sin firmeza, ni rectitud sin compasión, pero tampoco habrá conciliación sin acción poética o sin reacción soñadora.</p>
<p style="text-align: right;"><strong><em>corcoba@telefonica.net</em></strong></p>
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		<title>Aires discriminatorios</title>
		<link>https://elsolnewsmedia.com/aires-discriminatorios/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Víctor Corcoba]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 28 Feb 2019 20:28:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacados B]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[El Sol Latino]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>“Se requieren líderes con otra visión más incluyente, y también gentes con valor para denunciar cualquier tipo de abusos, generadores de disputas inútiles y de desigualdades absurdas”. Todos estamos llamados a entendernos, a conocernos internamente  y  a reconocernos, al mismo tiempo, vinculados a ese tronco común que hace familia en la medida en que nos [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<blockquote>
<p style="text-align: right;">“Se requieren líderes con otra visión más incluyente, y también gentes con valor para denunciar cualquier tipo de abusos, generadores de disputas inútiles y de desigualdades absurdas”.</p>
</blockquote>
<p>Todos estamos llamados a entendernos, a conocernos internamente  y  a reconocernos, al mismo tiempo, vinculados a ese tronco común que hace familia en la medida en que nos hermanamos unos con otros. Por eso es importante que los gobiernos no instauren leyes discriminatorias contra grupos humanos determinados, puesto que todos al fin somos necesarios, y el hecho de que exista una minoría privilegiada, lo que origina es un absurdo enfrentamiento, con la consabida fragmentación y apertura a los caminos de la violencia. Sea como fuere, los poderes públicos no pueden olvidarse de las múltiples y, a menudo, graves motivaciones que impulsan a tantos seres humanos a abandonar su país natal. Casi siempre, su decisión no nace solamente de la necesidad de mayores oportunidades; con asiduidad se les impulsa a huir, debido a una multitud de conflictos, tanto culturales como sociales y religiosos, verdaderamente injustos, que suelen dejarnos sin palabras.</p>
<p>Por consiguiente, no me gusta este vendaval que distancia corazones y pone barreras. En consecuencia, ningún ciudadano puede conscientemente avivar o apoyar estructuras y actitudes que dividan a unas personas de otras, a unos grupos de otros. Idéntica enseñanza debe aplicarse a quienes hacen uso de la barbarie y la apoyan. La humanidad en su conjunto, abandonando cualquier forma de intolerancia y discriminación, ha de propiciar atmósferas más armónicas. Aún hoy muchas personas son sometidas a privaciones y brutalidades indescriptibles, realidades contrarias a ese espíritu de paz que alientan los derechos humanos, que son los que en verdad inspiran e impulsan el progreso de la especie. En este sentido, hemos de reconocer avances, sobre todo en el abandono de la pobreza extrema, o en un mejor acceso a los sistemas de agua potable, pero a la vez, se advierte fruto de estos aires arbitrarios el constante crecimiento del discurso del odio y la venganza. Indudablemente, se requieren líderes con otra visión más incluyente, y también gentes con valor para denunciar cualquier tipo de abusos, generadores de disputas inútiles y de desigualdades absurdas.</p>
<p>Tal vez uno de los desafíos más delicados para la agenda de derechos humanos sea la concentración de riqueza en unos pocos, y estas atmósferas que discriminan, aíslan y excluyen como jamás. Mal que nos pese, esta sociedad aparta y lejos de debilitar su afán, prosigue relegando por razón de sexo, la causa subyacente de la violencia contra las mujeres y la violación de los derechos humanos más extendida e impune que existe en el mundo. Por otra parte, lejos de desterrar este espíritu discriminatorio, de derecho o de hecho, parece incorporarse cada día por todo el orbe y tomar actualidad. Sólo hay que observar las muchas tensiones que se perciben por doquier. De ahí la trascendencia de entrar siempre en diálogo, de dejar el paso a la razón, a la confianza mutua, a negociaciones sinceras y al hermanamiento entre ese cúmulo de diversidades. En cualquier caso, los Estados no han de buscar la seguridad en la acumulación de nuevas armas, pues lo substancial es rebajar el armamento en el planeta, incluido el arsenal atómico y nuclear.</p>
<p>La imposición de las armas no es una solución aceptable. Las nuevas generaciones han de poner fin a tantas inútiles luchas y a la enemistad entre análogos, por propia supervivencia de la especie humana. También los derechos de las minorías deben ser salvaguardados, igual que la de todos aquellos que viven marginados en la sociedad o que no tienen voz, lo esencial es reconocer la dignidad de toda existencia y poder hermanarnos, hacia espacios más acordes con nuestra propia naturaleza humana. Lo que no podemos es continuar negando la igualdad fundamental entre toda la ciudadanía, proclamada en varias Declaraciones de las Naciones Unidas y demás Organismos Internacionales. Al fin y al cabo, lo que está en juego es la dignidad de toda vida y, por ende, el bienestar de todos los moradores que, hoy más que nunca, no paran de moverse, contribuyendo de esta manera a un desarrollo más global, aunque el 85% de las ganancias de los trabajadores migrantes se queden en los países de destino. No se nos olvide que el vínculo entre migración y avance está muy presente en el empuje de todas las áreas de la tierra, con un nombre muy específico, el de la concordia; puesto que cuanta más expansión, menos retraimiento y más conformidad.</p>
<p style="text-align: right;"><strong><em>corcoba@telefonica.net</em></strong></p>
<p><strong><em> </em></strong></p>
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		<title>Ante el aluvión de dificultades</title>
		<link>https://elsolnewsmedia.com/ante-el-aluvion-de-dificultades/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Víctor Corcoba]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 25 Feb 2019 15:34:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[El Sol Latino]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>“En el hacer familia se juega nuestro futuro”. Vivimos momentos complejos y tiempos difíciles. Los moradores de este mundo nos enfrentamos a múltiples problemas, tanto de salud, como discriminatorios o de contiendas inútiles. Nueve de cada diez personas respiran aire corrompido y séptico todos los días. En 2019, la OMS considera que la contaminación del [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<blockquote>
<p style="text-align: right;"><strong>“En el hacer familia se juega nuestro futuro”.</strong></p>
</blockquote>
<p>Vivimos momentos complejos y tiempos difíciles. Los moradores de este mundo nos enfrentamos a múltiples problemas, tanto de salud, como discriminatorios o de contiendas inútiles. Nueve de cada diez personas respiran aire corrompido y séptico todos los días. En 2019, la OMS considera que la contaminación del aire es el mayor riesgo ambiental. Por si fuera poco, un reciente estudio de la FAO revela que el consumo insostenible de plantas y animales, tanto silvestres como domésticas, al igual que otras especies que avalan la producción alimentaria, está conduciéndolas a su extinción, lo que pone en grave peligro el mañana en cuanto a productos alimenticios y medios de subsistencia, así como nuestra salud y el medio ambiente. También las sucesivas luchas no cesan y la violencia desencadena represalias y espirales de venganza como jamás. Por desgracia, ese mundo dividido y cruel a veces comienza dentro de los muros de la propia familia. Ojalá aprendamos a verter abecedarios más comprensivos, a abrazarnos sinceramente, a tener una palabra amable y la sonrisa siempre dispuesta para sembrarla a nuestro alrededor. Hay que evitar los inútiles combates entre humanos, a todos nos empobrecen y a nadie beneficia. Hagamos memoria histórica.</p>
<p>Es público y notorio que las dificultades están ahí, en cualquier vida, lo que nos exige hacer comunidad para erradicar esta brutalidad que nos desborda, tomando todas las medidas que se requieran. Sin duda, el mejor modo de resolver un conflicto es no tratar de rehuirlo. Por ello, es menester avivar otros estilos de vida más sensibles y otras actitudes ante la vida más armónicas. Quizás tengamos que empezar por acusarnos a nosotros mismos, recomenzando por reparar nuestros defectos. Este, sin duda, será un buen comienzo de cambio. Por otra parte, los esfuerzos de conservación parece que van en aumento, y esto es saludable para todos; pues es esta biodiversidad, utilizada de manera sostenible, la que nos salvaguarda y sostiene, sobre todo en cuanto a dietas saludables y nutritivas. También en los sanos lenguajes, que brotan de solidas leyes morales, se facilita la solución de los problemas. Ya está bien de tanta inhumanidad, de tantos fenómenos destructivos, que nos conducen a un auténtico absurdo. Desde luego, hay que repensar nuevos horizontes de protección. Ante tantos lobos voraces que nos circundan, que verdaderamente nos dejan sin aliento, urge salir de este callejón de contrariedades que nos hemos injertado en vena. Tal vez la exhortación de San Francisco de Asís: “Que la paz que anunciáis de palabra la tengáis, y en mayor medida, en vuestros corazones”, puede socorrernos y ser un instrumento reconciliador.</p>
<p>Tenemos la oportunidad, en consecuencia, de poder desviarnos de esta atmósfera demoledora, superando todos estos desafíos, que son muchos y espinosos, con la tenacidad de la escucha y la mano tendida hacia el diálogo. No hay otro modo de hacerlo. La parálisis y retrocesos que sufren hoy muchos países de nuestro planeta, lo que evidencian es la necesidad de unas negociaciones sin fisuras, donde impere la acogida humanitaria y el trasfondo de prestar oídos para poder entrar en sintonía y hallar un terreno común que nos hermane. Puede que tengamos que aprender aún a darnos las manos unos a otros, a ser más auténticos y transparentes,  a saber acercamos a los que nos piden auxilio. Está visto que la comprensión y el entenderse es la mejor expresión para crecer en concordia. Sabemos que las dificultades de la vida son inevitables, pero las podemos hacer más llevaderas, aportando nuestro propio espíritu a los demás. Ahí radica la alegría de vivir. Es verdad que prolifera multitud de almas desgarradas. La solución a esta realidad habita en nosotros, en cada uno de los seres vivos, puesto que todo se supera con amor, la mejor medicina para todos los casos. El odio no es capaz de superar ninguna barrera. La fragmentación de los latidos tampoco. Únicamente, el amor de amar amor, como tantas veces me digo a mi mismo, nos da fortaleza y nos imprime gozo para continuar el camino.</p>
<p>En el hacer familia se juega nuestro futuro y, como quiera que necesitamos de ese porvenir para sustentarnos en el diario de nuestra existencia, tenemos que soportar lo andado y no tener miedo de los fracasos, pues a caminar se aprende caminando. Tras cualquier caída nos conviene levantarnos y seguir andando. Es cuestión de tenacidad y de constancia. Por mucha sensación general de confusión y desconfianza que tengamos, la voluntad de sobreponerse siempre permanece en nosotros. Nos conviene que la buceemos. Todo es superable. También colectivamente, del principio al fin, todo se puede salvar. Posiblemente deba comenzar a vencerse y a convencerse por uno mismo y, así después, llegaremos a transformar esta riada de lágrimas en un mar de alivios, sabiendo que contener y perdonar ayuda a cantar victoria, a calmar ánimos y a colmar felicidades.</p>
<p style="text-align: right;"><strong><em>corcoba@telefonica.net</em></strong></p>
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		<title>Degradación y decadencia</title>
		<link>https://elsolnewsmedia.com/degradacion-y-decadencia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Víctor Corcoba]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 20 Feb 2019 14:05:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacados B]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[El Sol Latino]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>“El fracaso de esta generación parte de esa mentalidad que todo lo separa, divide, excluye y adoctrina a las órdenes del poderoso caballero don dinero; en lugar de priorizarse con el amor, que jamás desea ser poseído”. Los seres humanos entre sí, y junto a los demás, hemos decaído tanto culturalmente como moralmente, lo que [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<blockquote>
<p style="text-align: right;"><em>“El fracaso de esta generación parte de esa mentalidad que todo lo separa, divide, excluye y adoctrina a las órdenes del poderoso caballero don dinero; en lugar de priorizarse con el amor, que jamás desea ser poseído”.</em></p>
</blockquote>
<p>Los seres humanos entre sí, y junto a los demás, hemos decaído tanto culturalmente como moralmente, lo que requiere, con urgencia, asumir compromisos y responsabilidades globales, para trazar nuevas acciones encaminadas a redescubrir en común lo mucho que podemos hacer en familia unos por otros. Por desgracia, el núcleo vital de lo humano y de la sociedad, ya no se forma al calor de ese hogar que infunde pertenencia, ilusión y tolerancia. Hemos enfermado en valores y en valía, y los mandatarios que se dicen protectores de la estirpe, también han olvidado que la efectiva acogida tiene su naciente en la institución familiar; en esa corporación de vínculos emparentados, que es donde en verdad adquirimos la espiritualidad humanística, heredada a través de la ternura del abrazo, de la entrega generosa, de la donación total en suma. Es cierto que siempre ha habido crisis, pero cuando se afronta todo de manera superficial o interesada, es difícil que renazca el diálogo sincero, creando situaciones realmente complejas y problemáticas. A mi juicio, el fracaso de esta generación parte de esa mentalidad que todo lo separa, divide, excluye y adoctrina a las órdenes del poderoso caballero don dinero; en lugar de priorizarse con el amor, que jamás desea ser poseído.</p>
<p>Mal que nos pese, los magnos valores de humanidad se aprenden y reprenden en consanguinidad. Son los grandes agentes transformadores, pues de una mística unión de corazones, o si quieren de una íntima comunidad conyugal de savia y afecto, germinan los abecedarios más armónicos, los sentimientos más puros, la actitud más desprendida, el lenguaje más níveo del alma, donde nadie hace alarde de nada, porque lo importante son las huellas de humildad que dejan aquellos rostros que saben disculparlo todo. Después de ese amor inherente que debe unirnos como caminantes, la experiencia de los siglos prueba que la deshumanización anuncia la decadencia de los linajes. Por eso, es fundamental reavivar el sentido de mundialización y de que los corazones dejen de ser piedras, de hacer uniones más auténticas a través del ejemplo de sus progenitores, pero también de una educación sana adherida a los principios y valores éticos. Que nadie se confunda, estamos llamados a convivir y a respetarnos, a restablecer el raciocinio y a fomentar el sentido de justicia, a despertar a una conciencia menos mercantilista de la existencia humana en definitiva.</p>
<p>Sea como fuere, uno se fraterniza desde el compartir y se degrada desde el endiosamiento dominador del pensamiento materialista. Ahí están los insaciables, los que utilizan las artimañas de la fuerza y del poderío, imponiendo un estilo que nos repele entre humanos, con modos intolerantes que nos degradan y con una clara violación a lo que en realidad somos, un soplo de energía y poco más. De igual modo, debido a una sobreexplotación, sin miramiento alguno; nuestro propio planeta, que es también nuestra casa común, corre el riesgo de destruirse. Así, los últimos cuatro años son un claro signo del cambio climático a largo plazo debido a concentraciones récord en la atmósfera de gases de efecto invernadero. <em>“2015, 2016, 2017 y 2018 han sido confirmados como los cuatro años más cálidos registrados”</em>, según informe reciente de la Organización Meteorológica Mundial. Esta es, por tanto, una realidad que debemos afrontar toda la ciudadanía en bloque, sin ninguna exclusión o marginalidad; y ha de ser, además, una de las principales prioridades mundiales.</p>
<p>En consecuencia, es el momento de movilizarnos para renacer y no proseguir en esta degradación y decadencia humana, que nos lleva verdaderamente al caos y a la destrucción. En el nombre de Dios, Al-Azhar al-Sharif -con los musulmanes de Oriente y Occidente-, junto a la Iglesia Católica -con los católicos de Oriente y Occidente-, han firmado, al inicio de este mes de febrero, un histórico documento en el que declaran asumir la cultura del diálogo como camino; la colaboración común como conducta; el conocimiento recíproco como método y criterio. Extiéndase el paradigma. Ojalá hagan lo propio otros líderes mundiales. Sin duda, este puede ser un buen camino, para que en nombre de la ciudadanía, en su armónica unidad y como seres pensantes, todos podamos estar más dispuestos a cooperar hacia una cultura de consideración solidaria y bilateral, siendo más comprensivo al menos cada cual consigo mismo y sus semejantes, con vistas a confirmar la importancia de tales valores, como ancla reconstituyente y fuerza humanística para todos.</p>
<p style="text-align: right;">corcoba@telefonica.net</p>
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